El planeta no soporta el crecimiento económico

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7 de julio, 2014 - 2:52 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Fotos: Agencias

ONU: solo un país cumple el reto de desarrollo aceptable y sostenible, Cuba. China-Rusia tendrían la llave de la justicia económica y la sustentabilidad

Es muy importante pensar qué extensión de tierra necesita el ser humano para, por una parte, producir todos los recursos que consume y por la otra, absorber los desechos que ese consumo produce, tanto sólidos como líquidos y gaseosos, en términos de transporte, industria, comercio, y servicios, incluyendo los químicos y energéticos.

Si todos los habitantes del mundo vivieran según los estándares de vida de los ciudadanos de los países de alto consumo, como Alemania, Canadá o Estados Unidos (EE UU), se necesitarían por lo menos cuatro planetas Tierra para proveer los materiales y energías requeridos, y para absorber los desechos resultantes.

En el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) destinado a medir las condiciones de vida de los ciudadanos, tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el producto interno bruto per cápita, se considera un IDH «alto» cuando este es igual o superior a 0’8, sentándose, en caso contrario, que los países no están «suficientemente desarrollados». Los científicos sociales han medido la cantidad de planeta Tierra que sería preciso usar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado.

El suizo Mathis Wackernagel, defensor de la sostenibilidad y presidente del grupo Global Footprint Network con sedes en Oakland, California, Bruselas, Bélgica y Ginebra, Suiza, junto a su equipo hizo los cálculos de sostenibilidad para 93 países entre 1975-2008. Los resultados de ese estudio son conmovedores y sorprendentes. Ejemplo, si se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, si se extiende el de Gran Bretraña, que tiene un excelente IDH, se presentaría el problema de que para conseguirlo se necesitaría consumir tantos recursos que harían falta tres planetas Tierra.

EE UU tiene también buena nota en desarrollo humano, pero su «huella ecológica» es tal, que haría falta más de cinco planetas para generalizar su estándar de vida.

Sostenible es aquel desarrollo que es capaz de satisfacer las necesidades actuales, sin comprometer los recursos y las posibilidades de las futuras generaciones.

Solo un país cumple con el desarrollo aceptable y sostenible

Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo —por ahora al menos— que tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez, imagínenselo: Cuba. Sí señor, la isla de Cuba. La vilipendiada Cuba, la que ayuda con médicos y deportistas al mundo en desarrollo y distribuye su riqueza por igual. Esa…

La cosa, por supuesto, da mucho que pensar. Para empezar, porque es fácil advertir que la mayor parte de los «balseros» cubanos que huyeron y aún desertan del país buscan ese otro nivel de consumo que no puede ser generalizado sin destruir el planeta, es decir, reclaman su derecho a ser tan globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo son los consumidores de USA o la Unión Europea. Inquiriendo el consumo egoísta y la conducta hedonista propiciada por el club de los 300 para acabar con el planeta o mejor dicho, con la especie humana.

La verdad mediática vs la realidad

Se tendría muy poca vergüenza, desde luego, si se condena la pretensión de los demás de imitar el modo como los países desarrollados devoran impunemente al único planeta que poseemos. Pero hay que reconocer que la imagen mediática del asunto cambia de forma radical: de lo que realmente huyen los cubanos (por cualquier medio, manera o posibilidad), es del consumo responsable de su país, en busca del Paraíso, del dispendio suicida y que por intereses estratégicos de acoso a Cuba (Lobby de Miami), se les recibe como héroes de la Libertad en vez de cerrarles las puertas como lo hacen con quienes huyen de la miseria, por ejemplo, de Burundi —que relacionan como una plaga de la que hay que protegerse—.

El mayor reproche que se puede hacer al sistema capitalista es, precisamente, que es incapaz de detenerse e incluso de aminorar su marcha. El capitalismo es un sistema preso de su propio impulso. En el capitalismo cada uno trata de imponerse a la competencia aumentando su productividad para no perder mercado, pero al encontrarse todos en la misma carrera, no llega nunca el momento en que pueda detenerse este aumento ininterrumpidamente creciente del ritmo y la consiguiente dilapidación de los recursos.

Debemos parar

Ante esta dinámica absurda, es indispensable que el mundo responsable se alce y exija el derecho a parar ¡Detengamos la destrucción y el suicidio! No se puede permitir que los ministros de economía occidentales nos sigan convenciendo de que «crecer por debajo del 2 o 3% es catastrófico. Es materialmente imposible que prosiga ese crecimiento en los países desarrollados. El planeta no da para tanto.

La ausencia de trascendencia espiritual, más allá de la del poder y la riqueza, es una característica del sistema capitalista y su condición de supervivencia. La pérdida de autenticidad está prevista: es la garantía del éxito de los empresarios de alto vuelo, de los políticos y de los «ganadores». Desde luego es la característica más profunda del neoliberalismo reinante hoy en el mundo, la confusión entre los medios y el fin, la sustitución del cómo o del porqué. El dinero convertido en religión es el medio que sustituye todos los fines.

La huella ecológica

La huella ecológica muestra el conflicto entre las diversas demandas humanas y compara estas con lo que la naturaleza puede suministrar. Por ejemplo, Holanda utiliza para vivir 15 veces más tierra de la que posee, pues los asentamientos humanos no afectan solo el área en que se encuentran construidos. Además, países como este solo son posibles cuando hay otros que estén dispuestos a proveerles la capacidad ecológica que les hace falta.

Para que EE UU sea sustentable le hace falta tres veces su territorio. Lo compensa importando materias primas y energía barata de los países pobres y sosteniendo su moneda con una gigantesca deuda billonaria que es comprada por otros países y a la vez represtada a la FED con intereses bajísimos. ¿Si 320 millones de personas en USA necesitan tres países para mantener su estatus, cuántos necesitarán cuando la extensiva explotación de la energía de esquisto (fracking) termine por contaminar ese único país donde viven?

La sustentabilidad

Para asegurar que nuestras comunidades sean sustentables, su consumo debe permanecer dentro de los límites de productividad de la naturaleza.

En otras palabras, la naturaleza no es una mera colección de atracciones o un lugar de recreación, sino la fuente de nuestra existencia.

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