EE UU: el primer violador de derechos humanos

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10 de diciembre, 2014 - 12:45 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Cárceles ocultas en todo el mundo, prisioneros «fantasmas», métodos brutales de interrogación son parte de las prácticas implementadas con la autorización del presidente George W. Bush.

EE UU — Las torturas utilizadas por la Central Intelligence Agency (CIA por sus siglas en inglés) contra sospechosos de pertenecer a la red Al Qaeda fueron «mucho peores» de lo admitido hasta ahora, y la agencia ocultó información clave al Congreso y la Casa Blanca, afirma un informe del Senado estadounidense divulgado este martes.

En la introducción del documento, la senadora Dianne Feinstein, líder del Comité de Inteligencia, no dejó dudas sobre el resultado de las investigaciones: «Es mi conclusión personal que, en cualquier acepción del término, los detenidos de la CIA fueron torturados».

El demoledor informe de 525 páginas, con numerosos párrafos cubiertos con tinta negra para ocultar información confidencial, es apenas un resumen de una versión de más de 6.000 páginas que se mantiene en secreto.

El texto toma mucho cuidado de utilizar la palabra «tortura» y prefiere el eufemismo de «técnicas reforzadas de interrogatorio», que había sido adoptado en el gobierno del presidente George W. Bush.

Fechas del «programa»

El llamado Programa de Detención e Interrogación de la CIA fue autorizado secretamente por el gobierno de George W. Bush en 2002, pocos después de la firma por el presidente de un memorando que autorizaba a la CIA a matar, capturar e interrogar a altos dirigentes de Al Qaeda en cualquier parte del mundo.

A partir de 2002 aparecieron rumores sobre malos tratos y torturas: inicialmente en Bagram, Afganistán. Organizaciones no gubernamentales y legisladores empezaron a preguntarse sobre el destino de varios «detenidos fantasma», sobre los que el gobierno estadounidense no dice nada en absoluto.

Finalmente, en 2005, la prensa denuncia vuelos secretos de la CIA para trasladar a «detenidos de alto valor» a lugares desconocidos, secretos, en los que ni siquiera interviene el FBI. Numerosos países, sobre todo europeos, permiten que esos vuelos pasen por sus espacios aéreos. En diciembre de 2005 el Congreso aprueba una ley que prohíbe los tratos «crueles, inhumanos y degradantes».

El entonces director de la CIA, Michael Hayden, admite en febrero de 2008 que tres detenidos fueron sometidos a la práctica del «submarino» (sumergir al detenido en el agua hasta casi ahogarlo).

Jaled Cheij Mohammed, presunto cerebro de los atentados del 11-S, Abu Zubeida, primer dirigente de Al Qaeda en ser detenido, y Abd Rahim Al-Nashiri, otro miembro importante de Al Qaeda están entre quienes fueron sometidos al «submarino». El primero, 183 veces y Abu Zubeida, 83.

En enero de 2009 el recién elegido Barack Obama se compromete a respetar la Convención de Ginebra y promete que su administración no utilizará la tortura en los interrogatorios de prisioneros. Suprime oficialmente el programa secreto de interrogatorios. En abril de 2009 el Ejecutivo divulga los memorandos del departamento de justicia de 2002 y 2005 en los que se justificaba el uso de «técnicas reforzadas de interrogatorio».

En marzo de 2009 la Comisión de Inteligencia del Senado, controlada por los demócratas, abre su propia investigación.

Métodos brutales

Los detenidos sometidos al «submarino» eran atados a una tabla y se les llenaba la nariz y la boca de agua, a veces durante 30 minutos y varias veces al día, provocándoles convulsiones y forzándolos a vomitar. Esa práctica, la más cuestionada de todas, se terminó a finales de 2003.

Entre otras técnicas de interrogatorio, los testimonios de varios detenidos mencionan: bofetadas, puñetazos, golpes, sometimiento a temperaturas glaciales y duchas de agua fría, a posiciones incómodas y dolorosas durante largos períodos y privación de sueño, entre otros.

Un informe interno de la CIA de 2004, parcialmente desclasificado en 2009, menciona también las simulaciones de ejecuciones, así como el uso de una pistola y de un taladro para aterrorizar a Abd Rahim Al-Nashiri.
El informe sostiene que estos métodos duraron hasta diciembre de 2007.

Las prisiones de la CIA

Los detenidos considerados de gran valor fueron interrogados por la CIA en lugares secretos, «sitios negros», antes de ser trasladados a la prisión de la base militar estadounidense de Guantánamo, en la isla de Cuba, en 2006.

Un informe del parlamento europeo de 2007 acusa sobre todo a Polonia y a Rumania de haber albergado, entre 2003 y 2005, centros secretos de detención en Kiejkuty, nordeste de Polonia, y en Bucarest.

Un sitio en Antaviliai, Lituania, a 20 kilómetros de la capital, Vilna, visitado por legisladores europeos, también es sospechoso de haber albergado una cárcel secreta de la CIA.

Otro tanto ocurre con Tailandia y Afganistán, invadido por una coalición internacional encabezada por las Fuerzas Armadas estadounidenses.

El informe parlamentario, sin embargo, no dará nombres de países donde hubo cárceles secretas de la organización.

Informe en 20 conclusiones

1.- La utilización de técnicas agresivas de interrogatorio no fue una forma eficiente de adquirir información precisa u obtener la cooperación de detenidos.

2.- La justificación por parte de la CIA de la utilización de estas técnicas agresivas de interrogatorio está basada en afirmaciones inexactas en cuanto a su eficacia.

3.- Los interrogatorios de detenidos de la CIA fueron brutales y mucho peores de lo que la CIA había descrito a los legisladores.

4.- Las condiciones de encarcelamiento de los detenidos de la CIA eran más duras de lo que la CIA había descrito a los legisladores.

5.- La CIA brindó de forma repetida informaciones inexactas al departamento de justicia, trabando la posibilidad de hacer un análisis jurídico correcto del Programa de Detención e Interrogatorio de la CIA.

6.- La CIA evadió activamente o bloqueó el control por parte del Congreso de este programa.

7.- La CIA bloqueó el control y el proceso de decisión de la Casa Blanca.

8.- La puesta en práctica y la gestión de este programa por parte de la CIA complicó y en ocasiones bloqueó las tareas de seguridad nacional de otras agencias.

9.- La CIA bloqueó la supervisión por parte de la oficina del inspector general de la CIA.

10.- La CIA difundió informaciones secretas a los medios, incluidas informaciones inexactas sobre la eficacia de las técnicas de interrogatorio.

11.- La CIA no estaba preparada cuando inició el programa de detención e interrogatorios, más de seis meses después de haber sido autorizada a detener personas.

12.- El programa de detención e interrogatorios estaba mal instrumentado y mal dirigido todo el tiempo, pero principalmente entre 2002 y a inicios de 2003.

13.- Dos psicólogos externos concibieron las técnicas agresivas de interrogatorio de la CIA y jugaron un papel central en la puesta en práctica, estimación de la gestión (del) programa. (…) En 2005, la CIA había subcontratado la mayoría de las operaciones del programa.

14.- Los detenidos de la CIA fueron sometidos a técnicas de interrogatorio coercitivas que no habían sido aprobadas por el departamento de justicia o autorizadas por la dirección de la CIA.

15.- La CIA no llevaba un registro completo o exacto de los individuos que detenía, y mantuvo personas que no cumplían los criterios para estar detenidos.

16.- La CIA no evaluó correctamente la eficacia de sus interrogatorios.

17.- La CIA raramente amonestó o responsabilizó a su personal por graves y significativas violaciones, actividades inapropiadas o errores en la gestión de personal en general.

18.- La CIA dejó de lado o ignoró numerosas críticas internas y objeciones respecto a la puesta en práctica de la gestión del programa de detención e interrogatorios.

19.- El programa de la CIA no era viable intrínsecamente y efectivamente terminó en 2006.

20.- El programa de la CIA afectó la reputación de EE UU en el mundo, y engendró costos adicionales importantes, de orden financiero y no financiero.

«Una política fue claramente orquestada a alto nivel en la administración (del presidente George W.) Bush, quien permitió estos crímenes sistemáticos y violaciones flagrantes contra los derechos humanos». Ben Emmerson, relator de la ONU para los DD HH.


«Es un informe estremecedor y es imposible leerlo sin sentir una inmensa indignación de que nuestro gobierno esté implicado en estos terribles crímenes». Anthony Romero, director ejecutivo de la Unión estadounidense por los Derechos Civiles.


«El programa dio luz verde para cometer crímenes penados por la ley internacional contra la tortura y las desapariciones forzadas, impunemente». Steven Hawkins, director ejecutivo de la representación estadounidense de Amnistía Internacional.


«A menos que este importante proceso de búsqueda de la verdad lleve a enjuiciar a los responsables, la tortura seguirá siendo una opción política para los futuros presidentes». Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch.

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