Continúa buscando sospechosos tras el atentado en Burkina Faso

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18 de enero, 2016 - 5:28 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Las autoridades recorrieron los alrededores del lugar de los ataques

Foto: AFP

Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) reivindicó este ataque, explicando que se trataba de una «venganza contra Francia y los infieles occidentales»

Uagadugú, Burkina Faso — Burkina Faso seguía conmocionada este domingo después de que su capital sufriera por primera vez un ataque yihadista, mientras las autoridades continuaban con las operaciones de búsqueda de sospechosos relacionados con el atentado.

Veintinueve personas resultaron muertas y una treintena heridas en el ataque contra un hotel y un restaurante de Uagadugú. Al menos 13 de las víctimas eran extranjeros.

Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) reivindicó este ataque, explicando que se trataba de una «venganza contra Francia y los infieles occidentales», según un comunicado detectado por el observatorio estadounidense Site.

Burkina Faso forma parte del G5 Sahel, grupo de cinco países de la región que se coordinan y cooperan en materia de desarrollo, seguridad y lucha contra el terrorismo.

También apoya a la misión antiterrorista francesa Barjan, que abarca cinco países de la región del Sahel (Mauritania, Malí, Níger, Chad y Burkina Faso). Las fuerzas especiales francesas se encuentran apostadas en las afueras de Uagadugú.

Rastreo en marcha

«Tenemos miedo. Quien no tenga miedo no es normal. Esa gente tiene armas», afirma Souleymane Ouedraogo, que vive cerca de la zona donde se produjo el ataque. «Aquí está el ejército pero más allá…»

«Las operaciones de rastreo siguen en marcha», indicó el sábado por la noche el ministro de Interior, Simon Compaoré, y las fuerzas del orden continuaban buscando sospechosos domingo por la mañana, según una fuente de seguridad.

Además, los controles de los hoteles habían sido reforzados. Los cuerpos de tres yihadistas, todos hombres, han sido identificados, según Compaoré.

Varios testigos hablaron de la presencia de dos mujeres y tres asaltantes, aunque las autoridades rechazan la tesis de la presencia de mujeres.

En el lugar del ataque, se había ampliado el perímetro de seguridad y podía verse a investigadores trabajando con pruebas, constató un periodista de la AFP.

La mayoría de las víctimas eran blancas, según una fuente cercana a la fiscalía, que indicó la presencia de al menos cinco burkineses entre los fallecidos. Seis canadienses, dos franceses, dos suizos, un estadounidense, un portugués y un holandés han sido identificados entre los extranjeros.

Militares y gendarmes mantenían a distancia a los grupos de curiosos que se habían acercado, para «llorar a nuestros muertos y comprender lo ocurrido», según Jean Compaoré, un cristiano.

«Todos comemos del mismo plato», asegura. «En Burkina no tenemos problemas religiosos, vivimos juntos. No hay problemas étnicos, hay 63 etnias que viven juntas. Los yihadistas vienen de fuera».

A su lado, Lamnine Thietambo, un musulmán, asiente: «Somos amigos, los yihadistas no representan la religión, no son creyentes, matan a todo el mundo, a inocentes, no son musulmanes».

«Vigilaremos más pero esto no puede impedirnos vivir con nuestros hermanos, seas negro o blanco, cristiano o musulmán», asegura Daouda Moumoula.

Golpe a la economía

La indignación de los presentes va en un sentido distinto. «Nos dicen que [los yihadistas] vienen de Níger. Normalmente las fronteras están controladas ¿cómo ha podido ocurrir?», se pregunta Compaoré. 
Mientras, otros critican a las fuerzas del orden. «Tardaron mucho en llegar», dice un hombre que prefiere guardar el anonimato.

Según varios testigos, los militares burkineses tardaron varias horas en organizarse. La noche del ataque, los primeros en llegar —muchos por sentido del deber, sin haber recibido la orden de sus superiores— ni siquiera tenían armas de alcance.

Un  hombre aseguraba que «las armas de los militares son peores que las de los terroristas. Hay que modernizar el ejército».

Mientras, muchos temen el impacto económico de los atentados en la economía del país. «Los turistas eran nuestros amigos. Es triste, todos esos muertos. Para nosotros va a ser duro ahora», afirma Guillaume Soro, un vendedor callejero.

En otro barrio, Lassané Kabré considera que «en el plano económico, vamos a sentir el golpe. Es un mal momento, porque salimos de una crisis que nos ha debilitado a todos los niveles», aduce, en relación al levantamiento popular de 2014 que expulsó del poder a Blaise Compaoré y llevó a una transición política difícil en este país pobre del Sahel de 18 millones de habitantes.

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