Álvaro del Portillo, un camino de santidad

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13 de octubre, 2014 - 3:31 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Heredero de las enseñanzas de San Josemaría Escrivá de Balaguer, a quien acompañó en su visita pastoral a Venezuela en 1974 y 1975.

José Ignacio Ureta cumplirá en julio 11 años. Vive en Santiago de Chile con la normalidad de cualquier niño de su edad. Ama el fútbol, el baile, el canto, incluso compone sus canciones. Su vida siempre estará marcada por un milagro: haber sobrevivido a un problema abdominal y a una cardiopatía congénita que estuvo a punto de acabar con su vida, a los pocos días de haber nacido.

El 10 de julio de 2003, cuando nació, sus padres sabían que tenía posibilidades de fallecer. Una operación para corregir el problema en su estómago devino en complicaciones que iban minando minuto a minuto el envío de oxígeno de su corazón al cerebro, por lo que este último estaba perdiendo funciones.

Los médicos actuaron con prontitud, aplicaron el protocolo al pie de la letra. Sobrevino un paro cardíaco. Los profesionales de la salud hacían lo que debían, pero el bebé se apagaba…

Años después, uno de los pediatras que atendió a José Ignacio, el doctor Rodríguez, rememoraba aquellos días «lo estábamos reanimando y, de repente, comenzó a recuperar los latidos, se fue estabilizando y normalizando sus valores. Soy una persona que tiene una relación inestable con la fe; tengo una puerta abierta permanente, tal vez esta es una mayor apertura de esa puerta», dijo José Ignacio Rodríguez, uno de los pediatras que atendió el caso de José Ignacio.

Sus palabras, cargadas de emoción, revelan que lo ocurrido con el bebé fue un milagro de alguien a quien sus familiares recurrieron con sus oraciones desde un primer momento, don Álvaro del Portillo (1914-1994), primer sucesor de San Josemaría, de quien este año el Opus Dei celebra el centenario de su nacimiento y que, gracias a este milagro, será beatificado el 27 de septiembre en Madrid, su ciudad natal.

«Yo había tenido antes una operación y él —Don Álvaro— siempre había estado cercano; sabía que nos iba a dar una señal. Ahora me pregunto por qué fuimos privilegiados», señaló Susana Holzapfel, abuela del niño.

Fama de santidad

El recorrido de Álvaro del Portillo hacia la santidad comenzó a los 21 años de edad cuando en 1935 se incorpora en la naciente institución de la Iglesia católica denominada Opus Dei —Obra de Dios en latín—. Del Portillo se ordenó sacerdote el 25 de junio de 1944, responsabilidad a la que se entregó en cuerpo y alma hasta el final de su vida.

La fama de santidad que tenía entre quienes lo trataron pasó a ser un clamor popular a partir del momento de su muerte, el 23 de marzo de 1994: «Nos han llegado 12 mil relaciones firmadas de favores obtenidos por su intercesión, muchas veces de países en los que el Opus Dei ni siquiera está presente. Las estampas para la devoción privada que se han impreso en todo el mundo suman 10 millones. Sin duda se puede decir que Mons. del Portillo es un don de la Iglesia y para la Iglesia», había expresado monseñor Flavio Capucci, quien fuera postulador de la causa de don Álvaro ante el Vaticano.

«Trabajó sin descanso durante toda su vida: primero como ingeniero, luego como sacerdote y en los últimos años como obispo —sigue diciendo Capucci—, dando siempre un alto sentido a su labor, con la que perseguía la gloria de Dios y el bien del prójimo».  El testimonio de su vida ejemplar nos llega precisamente de personas que lo conocieron y trataron por razones de trabajo. El cardenal Camillo Ruini dijo: «Siempre daba la impresión de ser un hombre profundamente espiritual, un auténtico hombre de Dios». «Yo vi a un hombre sencillo, amable, piadoso, de esas personas que uno siempre está a gusto, no se cansa de hablar con él, era un maestro, un maestro de muchas cosas», expresó Carlos Amigo, cardenal emérito de Sevilla.

Mons. Pedro Rodríguez, profesor de Teología de la Universidad de Navarra, recuerda que en su trabajo Álvaro del Portillo buscaba servir a los demás: «Nunca buscó figurar ni pontificar en reuniones ni comisiones. Hablaba lo justo, con sobriedad y exactitud, estaba —en una reunión importante— porque lo buscaban, y lo buscaban porque su palabra era profundad y atinada, su trabajo eficaz; era un hombre que resolvía problemas y sacaba de muchos atolladeros; contagiaba seguridad».

El papa Francisco avisó el pasado mes de enero que la beatificación de Álvaro del Portillo será en Madrid, su ciudad natal, el 27 de septiembre de este mismo año. «De su figura —decía Capucci— subrayaría como característica general la virtud de la fidelidad: fue un ejemplo de fidelidad a la Iglesia, a los Papas con los que estuvo en contacto, a la vocación y al fundador del Opus Dei. La fidelidad es una virtud creativa, que exige una continua renovación interior y exterior. La fidelidad es la otra cara de la moneda de la felicidad y Álvaro del Portillo fue un hombre verdaderamente feliz».

Debilidad por África y visita a Venezuela

A lo largo de los años en que estuvo al frente del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo promovió el comienzo de la actividad de la prelatura en 20 nuevos países.

Recientemente Mons. Javier Echevarría, actual prelado del Opus Dei y sucesor de Mons. Álvaro del Portillo en esa tarea, declaró que «don Álvaro tenía debilidad por África y allí lanzó muchos proyectos sociales”. En efecto, durante su gobierno el Opus Dei comenzó la labor estable en la RD Congo, Costa de Marfil y Camerún, e impulsó la creación de instituciones destinadas al bien del otro en otros pasíes africanos donde ya había labor estable del Opus Dei, como el Hospital Monkole, en Kinshasa, y el hospital de la Niger Foundation en Enugu (Nigeria).

No es extraño por tanto que la obra social que será financiada con los donativos de los asistentes a la beatificación serán cuatro proyectos médicos y educativos promovidos en África por «Harambee África International» (www.harambee-africa.org/).

En 1974 y 1975 acompañó a San Josemaría en su visita pastoral a Venezuela. En esa oportunidad el cardenal Quintero, entonces arzobispo de Caracas, le pidió a San Josemaría que sacerdotes del Opus Dei atendieran una iglesia en Caracas. El fundador del Opus Dei falleció a los pocos meses —en junio de 1975—, por eso quien impulsó la creación y puesta en funcionamiento de la Iglesia de la Tahona en Caracas, fue Mons. Del Portillo.

La beatificación de Álvaro del Portillo se anunció al mismo tiempo que la canonización del beato Juan Pablo II. Esa feliz coincidencia revalida la íntima amistad que hubo entre ambos. Cuando el papa Juan Pablo II acudió a rezar ante los restos mortales del siervo de Dios, tras orar en silencio, en lugar de rezar el responso para los difuntos, recitó en voz alta el Salve Regina, con la convicción de que ya estaba en el Cielo.

Hace pocos días se abrió la página web de la beatificación de don Álvaro del Portillo (www.alvaro14.org) y la dedicada al futuro beato (www.alvarodelportillo.org). Se puede consultar también en www.opusdei.org

Pinceladas de su vida

Álvaro del Portillo, nació en Madrid, el 11 de marzo de 1914. Fue doctor en ingeniería de caminos, en historia, y en derecho canónico. En 1935, se incorpora al Opus Dei convirtiéndose en colaborador estrecho de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote. En 1946 se estableció en Roma para ayudar a San Josemaría en el gobierno y en la expansión del Opus Dei. Entre 1958 y 1975 asumió varias responsabilidades en diversos organismos de la Santa Sede.

El 15 de septiembre de 1975 fue elegido sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei. En 1982 Juan Pablo II lo nombró el primer prelado del Opus Dei. Murió en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de regresar de una peregrinación a Tierra Santa.

Fotos: Agencias

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