África no existe para Europa hasta que llega a sus fronteras

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20 de mayo, 2015 - 3:42 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Fotos: Agencias

Occidente (EE UU y Europa en especial) vive de espaldas a África, es como si ella no existiese hasta que no repercute en los linderos-vallas-muros de Europa en pateras destartaladas o a pie. África solo son los deportistas y músicos de EE UU, de GB, de Francia, de Holanda, que les producen millones a sus clubes y representantes.}

Sobran evidencias de que África es la cuna de la especie humana (Tanzania y Etiopía), del homo sapiens, pero también es la tumba de los Derechos Humanos; sobre el cuerpo sedoso de África han caído las guerras más cruentas y los expolios más vergonzosos de Europa y de EE UU. Y ahora, que China comienza a tratarlos como seres humanos, como semejantes, occidente —con las puntas de lanza francesa y española— se está replanteando la neocolonización y la muerte, pretendiendo expulsar a China que está llevando al África honda, progreso en vez de hambre y destrucción… ¡bastardos!

África es el continente con mayor número de muertes por hambre, malaria, ébola, Sida y conflictos bélicos, la zona del planeta con mayores desigualdades sociales y menor esperanza de vida. El África Subsahariana, es la región del mundo con mayor número de guerras y conflictos violentos desde la II Guerra Mundial, con más Estados frágiles o fallidos y con mayor número de crisis humanas. Desde el año 1991, han fallecido en esta zona 12 millones de personas en los diferentes enfrentamientos. Y resulta imposible calcular el número de mutilados, mujeres violadas, niños huérfanos…

A pesar del gran tamaño de este continente —segundo después de Asia— alberga solo al 10% de la población mundial. Grandes superficies de esta región son desiertos casi totalmente deshabitados. El Sahara, el desierto más grande del mundo, cubre ¼ del continente. Las mayores concentraciones humanas se encuentran en Nigeria, sobre las tierras altas de Etiopía y alrededor de los grandes lagos de África Oriental.

La riqueza

África es un continente agraciado y dotado por la naturaleza. Tan rica es, que en la región subsahariana —en el cuerpo no mediterráneo— se halla el 20% de las reservas de Uranio, 90% de cobalto; 40% de platino, 65% manganeso; 50% de oro y diamantes, entre un 6 y un 8% de las reservas de petróleo que son objeto de comercio, además de volúmenes importantes de otros minerales, materias primas y recursos hídricos, hidroeléctricos…. materias primas.

Los retos que conlleva la gestión de los recursos naturales tienen un fiel reflejo en la actual situación de varios países de África subsahariana. En Sierra Leona, Liberia y RD del Congo dichos recursos han sido un factor decisivo en la prolongación de sus respectivos conflictos. En Liberia (13 millones de habitantes, 14 años de guerra, más de 250 mil muertos), y en RDC (58 millones de habitantes, dos guerras sucesivas desde 1996 y, desde 1998, alrededor de tres millones y medio de personas muertas a consecuencia del conflicto).

Los bosques del África subsahariana cubren 582 millones de hectáreas y son ricos en biodiversidad. Los bosques húmedos africanos forman el 45% de la biodiversidad mundial, eliminan 630 kilos de carbono por ha/año y contienen unas 12 mil especies de plantas, de las que entre 6.400 y 7.500 son endémicas. El África subsahariana tiene millones de hectáreas sin cultivar y es la primera exportadora de café, cacao, aceite de palma, cereales; tiene recursos hídricos… pesca…

La ruina

Pero el capitalismo depredador ha llevado la destrucción a África. La pérdida causada por la desforestación y el uso agrícola abusivo se ha calculado en unos $42 mil millones de dólares anuales, siendo el continente más afectado. En Costa de Marfil solo sobre vive el 20% del bosque, Ghana y Madagascar han perdido el 90%; en Malaui de eso parecen 80 mil has/año, en la cuenta del río Congo la deforestación alcanza el 0,7% cada año.

La riqueza en África se traduce en la prolongación de conflictos para controlar dichos recursos. Conflictos con una repercusión mediática nula, porque para mantener el ritmo de vida de los países ricos, es conveniente mantener el ritmo de muerte de los pobres. Por eso no importa si hay conflictos en Sierra Leona; o hambre crónica en Etiopía. No importa si 23 de los 54 países de África tienen el menor Índice de Desarrollo Humano. No importa que los 22 países con más bajos índices de desarrollo, modernización y bienestar social se encuentren también en esta zona del subsahara, que ocupa el 85% del territorio africano.

Para nada importa que centenares de estudiantes, mujeres y niños, sean asesinados en Kenia; como tampoco importan las personas fallecidas por enfermedades, hasta que aparece alguna persona de los países ricos entre quienes han muerto. Entonces sí. Porque recordemos: para mantener el nivel de vida de los ricos, hay que sostener el nivel de muerte de los pobres. Y si no mueren en sus países, Europa se encarga de asesinarlos a tiros o por inmersión en sus fronteras. ¡Miserables!

Los muertos

Dos mil muertos en 4 meses en la puerta de la cuna de los derechos humanos resulta, por lo menos, incómodo.

Por eso los líderes europeos decidieron buscar «soluciones» a su problema. Y… su problema continúa sin ser la muerte de inmigrantes, sino su llegada a tierra europea. La solicitud hecha por la Unión Europea al Consejo de Seguridad de la ONU de su aval para adelantar una acción militar contra las mafias de traficantes de inmigrantes, resulta alejada de la realidad, porque evita abordar las causas del grave problema —grave especialmente para quienes se ven obligados a abandonarlo todo—.

La inmigración no existe porque haya traficantes de inmigrantes. Es indudable que las mafias tienen su responsabilidad en el drama Mediterráneo, pero su vileza no puede disimular la responsabilidad de los gobiernos europeos (todos). Una responsabilidad directa, producto de las crisis provocadas por las intervenciones de EE UU, de la propia UE y de sus miembros como Francia, Dinamarca y GB, en Oriente Medio, Norte de África y el Magreb, de donde proviene el grueso de la inmigración.

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