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Luis Fuenmayor Toro
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Domingo, 19 de Mayo de 2013 a las 10:45 |
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Evo Morales, presidente de Bolivia, admitió públicamente hace poco que no le gustaba leer y que ante un libro a lo sumo leía el título, algún capítulo, algunas páginas o algunos párrafos, pero que no terminaba de leer las obras. Reconoció con una gran sinceridad que tenía «ese problema», que a pesar de querer leer no sabía cómo enamorarse de la lectura. Al mismo tiempo destacó que su vicepresidente, en cambio, era un gran lector además de escritor. Imagino lo que se debe haber desatado en Bolivia ante estas sinceras declaraciones; ya aquí en Venezuela, sectores de la oposición las han comentado con su ironía característica y enlazándolas con nuestra actual situación política y la dirigencia actual del país.
Pero lo que más me llamó la atención de la noticia fue que la declaración la da en un acto en que promulgaba una ley que eliminaba dos impuestos para el comercio de los libros. En efecto, la ley firmada por Evo eliminó, tanto para los libros nacionales como para los extranjeros, la aplicación del impuesto al valor agregado del 13 por ciento y el impuesto a las transacciones del 3 por ciento, lo que abaratará los libros en un 16 por ciento, situación que necesariamente redundará en un mayor comercio de libros en Bolivia y un impulso importante de la lectura en el país andino. Dicho de otra forma, Evo Morales, a pesar de no tener el hábito de leer, entiende la importancia de la lectura y toma medidas que abaratan el coste de los libros.
Pero no solo eso me llamó la atención. El Presidente boliviano dijo claramente: «Yo tengo un problema. No me gusta leer», es decir, que tiene conciencia de que no gustarle leer es un problema, que no quisiera que tuviera el pueblo boliviano, por lo que asume, como una de las medidas para impulsar la lectura, la promulgación de la legislación señalada. Dijo que había que desarrollar el hábito de lectura, aunque reconoció no saber cómo hacerlo en su país. Al leer esta nueva expresión de sinceridad, no pude menos que compararla con la soberbia de nuestros dirigentes ignorantes de ayer y hoy, que todo lo saben sin tener que leer y además se burlan de quienes leen. Tenemos serios problemas de lectura, escritura y lenguaje, pero supuestamente somos adalides mundiales en escolarización de la población, además de acabar con el analfabetismo.
Las medidas impositivas tomadas y las declaraciones me alegraron por Bolivia y a la vez me recordaron que en Venezuela, desde hace años, no ha habido forma de que se otorguen dólares para la adquisición de libros ni para su producción en el país. La lectura está muy lejos de ser algo prioritario. Quienes publican o están muy cerca del gobierno, deben mendigar durante años para efectuar alguna publicación, si es que tienen suerte.
A Evo Morales le digo sin pretender erigirme un experto en la materia, que incorporar bibliotecas en todas las escuelas primarias y secundarias, dotadas del personal especializado requerido, y establecer en estas desde muy temprana edad escolar el préstamo obligatorio y supervisado de obras literarias, ajustadas a las edades de los usuarios, es uno de los mejores mecanismos para inculcar el hábito de lectura. |
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Eduardo Galeano
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Domingo, 19 de Mayo de 2013 a las 10:44 |
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Todo indica que la última carnicería en Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando desde hace años el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos?, ¿de dónde viene la impunidad con que Israel viene ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Ir landa para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del holocausto implica una póliza de eterna impunidad?, ¿o esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa advierte el otro bombardeo a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki. |
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Héctor Padrón
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Domingo, 19 de Mayo de 2013 a las 10:34 |
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1 Quien doblega a voluntad, todo juicio ético, cualquier conducta social o intelectual, a la obtención de ganancias monetarias, en ocasiones sin importar el medio, es en consecuencia un esclavo, inconsciente o no del germen del capitalismo que vive en su ser. Ahora bien, al realizar una caracterización de este tipo de personas, es un error la generalización, colocarlos a todos y todas en un mismo estrato sin tomar en cuenta su nivel de consciencia sobre sus actos o las circunstancias que le inducen a tomar esas elecciones de vida. 2 Las oligarquías y grandes burgueses, conscientes como están que su objetivo primordial son sus intereses económicos, saben identificar prontamente las amenazas que para ellos significan las revoluciones verdaderas, que colocan al ser humano, su vida digna y justa, como su justificación y objetivo irrenunciable en nombre del humanismo. Los capitalistas se alimentan de la desigualdad social, por ello intentan perpetuar la injusticia. La derecha capitalista, en su esencia más pura, tiene proclividades al fascismo como medio para asegurar los medios de obtención de ganancias, en la mayoría de los casos a través de la violencia social y política, o por medio de pactos que le garanticen la inalterabilidad de las estructuras de explotación, dadas las coincidencias que tienen ambos sistemas, capitalismo y fascismo, en la razón de las desigualdades de clase, racial y religiosa. La historia es elocuente, falangismo, nacionalsocialismo y pinochetismo se apoyaron sobre las bases de los intereses de los grandes capitales nacionales e internacionales. 3 Pero también entre los seguidores de la derecha existen quienes angustiosamente se debaten entre dos «temores», fantasmas infundados por medio de procesos de aculturación y desclasamiento, la siembra de valores adversos a vida coherentemente social. La clase media persigue anhelante un espectro: el objetivo de algún día convertirse en parte de la élite económica y política de Venezuela. Pero al mismo tiempo hay un espanto, un aparecido que «sigue los pasos» de los aspirantes a burgueses: el temor a convertirse en «clases populares», «pobres» en el sentido economicista de la palabra. Quienes piensan así ya son pobres en el espíritu, pues reducen la lógica de la vida a las ansiedades de la moneda. Además, ya han sido víctimas, tal vez inconscientes de un adoctrinamiento mortal y egoísta. 4 En este contexto es sencillo que quienes dominan realmente los poderes económico y comunicacional, manipulen con facilidad a unos pocos venezolanos, que con aspiraciones justas o con ansiedades desmesuradas sienten inconformidad con el proceso de cambios sociales en nuestras tierras. En todo caso es necesario saber distinguir entre quienes son los que manejan los hilos de la incitación al odio, y quienes son los receptores de las mentiras, en quienes van a asentarse con angustia el zumo de las falsedades ajenas.
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Juan Carlos Espinoza
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Lunes, 06 de Mayo de 2013 a las 11:17 |
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En Venezuela se toma el 6 de mayo porque fue en esa fecha para el año 1943 cuando se fundó la organización en este país.
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César Prieto Oberto
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Domingo, 28 de Abril de 2013 a las 11:19 |
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La ciencia económica dispone de algunos instrumentos y/o indicadores que permiten visualizar, y hasta pronosticar el curso de la economía de un determinado país. Es por ello que, en una economía sana, racional, sus líderes deben monitorear permanentemente el comportamiento de esos indicadores, y no tan solo los macroeconómicos, para aplicar los correctivos necesarios cuando sea pertinente. En general, los indicadores económicos son series estadísticas que muestran tendencias u otras formas de pronósticos que facilitan estudiar dónde está y hacia dónde se dirige la economía con respecto a determinados objetivos y metas, así como evaluar programas específicos y determinar su impacto.
Los economistas, y en general los planificadores de la economía, suelen estudiar los indicadores macroeconómicos para medir la economía del país, como por ejemplo, la tasa de variación anual del Producto Interno Bruto (PIB), que es la riqueza generada por un país en un año determinado, para medir el crecimiento o disminución de la economía nacional, y, como este indicador no es suficiente por sí solo, suele acompañarse por el análisis de otros instrumentos, como el comportamiento de la demanda y la oferta de bienes y servicios con respecto al PIB (alimentos, ropa, calzados, energía eléctrica, teléfono, transporte, salud, educación...), la balanza de pagos: la comercial y la de capital (exportaciones e importaciones de bienes y servicios), y la tasa de desempleo. También se estudian otros indicadores, como las operaciones del sector público financieras y no financieras como porcentajes del PIB, y algunos otros indicadores financieros del Gobierno central. Todo este conjunto de instrumentos suele denominarse demanda y oferta global de la economía.
Otros indicadores muy importante son: el saldo de la deuda pública, tanto en millones de dólares como en porcentaje del PIB, a lo que se agregan las inversiones directas nacionales como las provenientes del exterior.
Todo lo anterior es extremadamente importante para la formulación de los planes de la Nación; no se debe omitir ninguno de ellos.
En ocasiones, se centra toda la atención en el comportamiento del PIB y hay que tener mucho cuidado en esto. Ejemplo, década de l990: Argentina tuvo crecimiento interanual promedio de 5%, por lo que el presidente Raúl Menem, fue invitado por el FMI para que diese luces sobre el secreto del éxito de la economía Argentina. El PIB acusaba una serie de: 10,6; 9,6; 5,7; 5,8; (-2,8); 5,5; 8,1 y 3,9 entre los años 1991 y 1998 para mostrar un inédito fenómeno de crecimiento en una economía del «Patio Trasero» de EE.UU., pero todo se derrumbó como en un castillo de naipes, era una ilusión. Todo se basaba en un boom del consumo alimentado por una enorme deuda externa. Al año siguiente Menen fue depuesto por el pueblo argentino y salió a la luz el gran desastre económico de Argentina: tuvo que acudir a la moratoria de su deuda.
Y este es el alerta que hacemos a las autoridades económicas de Venezuela. Nuestra deuda, tanto interna como externa, está acercándose a volúmenes realmente peligrosos. Debemos poner freno a ese indicador porque los niveles de servicio de nuestra deuda —79.000 millones de bolívares en 2013: 20% del presupuesto— es preocupante.
Es claro y terminante que hemos saldado con suficiencia la gran deuda social acumulada durante más de un siglo con la sociedad venezolana. Pero al unísono, las inversiones reproductivas tienen que multiplicarse y hacerlas más eficientes: ministros y capitanes de empresas tienen que ser evaluados ya, y quien arroje saldo negativo debe ser reemplazado de inmediato, sin contemplaciones. Decenas de proyectos ya iniciados lucen, o paralizados o a paso de morrocoy y eso no debe ni puede ser tolerado. Llegó la hora de la eficiencia total. |
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