***Según Zuluaga, quien venga detrás que arree.- Después de mucho indagar para encontrar explicación al acaparamiento, con fines especulativos, de vehículos TOYOTA en poder de Zuluaga y depositados en su casa, sin ser distribuidor reconocido como tal, pero teniendo compañías de maletín para, a través de traspasos de una a otra, justificar los incrementos de precio, supe de dónde provenía la llave que abre las puertas de la marca internacional. Resulta que Zuluaga, junto con un señor Travieso –que nada tiene que ver con las triquiñuelas del hoy prófugo de la justicia y quien afirmó, según recuerdo, algo así como «puede ser que especule, pero genero empleo» -son socios, con un aporte del diez (10) por ciento del capital accionario, de la empresa Toyota, que se estableció en Venezuela para ensamblar los vehículos de dicha marca. De allí en adelante, se explica la facilidad para, teniendo vara alta con los japoneses, especular con vehículos de esa marca, aun cuando los laboriosos y afamados hijos del Sol Naciente, deben poner límite a la manipulación de precios y del mercado, de tan poco elegante y discreto y sí muy anti-ético socio.-
***¿Reputaciones consagradas? La típica e histórica fragilidad estructural y funcional de las empresas privadas venezolanas, de cuya eficiencia, eficacia, consistencia, probidad y conducta moral y ética, no se cansa de hablar Fedecámaras y con ella, todos los ya casi incontables órganos de agremiación del conglomerado empresarial, se magnifica cuando, paseándose por la historia del sector, nos encontramos con la desaparición de grupos económicos que, en su momento, eran intocables paradigmas del buen hacer del empresario nacional, pero sin olvidar, por ejemplo, la tristemente célebre Corporación Venezolana de Fomento, CVF, que fue el cementerio donde, ricos empresarios venezolanos enterraron sus empresas quebradas.
Toca recordar el pasado para preguntar: ¿Qué les pasó? ¿Por qué desaparecieron? Y vienen a nuestra memoria el Grupo Phelps; el Grupo Boulton, con Avensa, Servivensa, Seguros Carabobo, H.L. Boulton, Jr. & Hermanos, La Seguridad, etc.; el sin par Grupo Mendoza, con todas las fábricas de cemento, Sherwin Williams, Protinal, Materiales y Maquinarias Mendoza, Banco La Guaira, etc.; Sánchez & Cía.; Alfonso Rivas & Cía.; el Grupo Zing, venido a menos; Pérez Dupuy, fundador, junto con los Urbano, del Banco Venezolano de Crédito, que se ha ido reduciendo dentro de su estrecha visión gerencial; Los Urbano, que llegaron a tener una buena participación en La Electricidad de Caracas; El Grupo Tinoco, fundado por el viejo abogado Pedro Tinoco, padre del conocido Dr. Pedro Tinoco hijo, uno de los fundadores del afamado Escritorio Jurídico, Tinoco, Travieso, Planchard, y quien llegó a ser personaje indispensable en el quehacer venezolano; el Grupo Blohm, creador de las tiendas BECO, pero también en decadencia; el Grupo Benedetti, el gran importador y distribuidor de whiskys y todo tipo de licores en el país, hoy desaparecido; el Grupo Taurel, creador, entre otras grandes empresas, de las Tiendas VAM, de las cuales sólo queda el lema “Haga su Agosto en VAM”; y tantos otros emporios, de riqueza y poder, que no pasaron de la primera generación con la cual vivieron el triunfo y el ocaso. (En próxima oportunidad recordaré los grupos zulianos que fueron y ya no son).