Ladronismo financiero
Nunca más…
En noviembre pasado, cuatro pequeños bancos —cubrían el 3% del mercado— entraron en crisis y tuvieron que ser intervenidos por el Gobierno Nacional, asumiendo este la deuda y garantizando a los ahorristas su dinero. Los culpables, algunos están detenidos, otros huyeron al exterior; algunos activos pudieron ser recuperados, pero no son suficientes para resarcir los daños, ocasionando pérdidas del Patrimonio Nacional. Esta crisis fue abordada sin mucha distorsión, debido a que los directivos de esos bancos —algunos allegados al Gobierno Nacional— no solapaban la actividad bancaria con actividades de comunicación, tal como está sucediendo con el Banco Federal, cuyo dueño es uno de los principales accionistas de Globovisión, canal dedicado a oponerse al gobierno del presidente Chávez.
En nuestro país, la insolvencia bancaria y el robo a los ahorristas, tiene larga historia, pero el castigo a los delincuentes, era casi nulo, y por lo tanto, volvían a las andadas, o nuevos banqueros se trocaban en delincuentes. La actual crisis económica del mundo es debida al manejo irregular que directivos bancarios le dieron a los ahorros que las personas le habían encomendado.
En cualquier manual de economía encontramos, que los intermediarios financieros, son las instituciones que proporcionan servicios y productos financieros. Las instituciones financieras más importantes son los bancos comerciales, que toman los depósitos o fondos de los particulares y de otros grupos, y los prestan a las empresas y a quienes necesitan fondos.
Otros intermediarios financieros importantes son las compañías de seguros y los fondos de pensiones, que proporcionan productos especializados, pólizas de seguro e inversiones para el retiro. Un tercer grupo de intermediarios agrupan o subdividen las fianzas; entre ellos están los fondos comunes (que poseen bonos y acciones corporativas en representación de los pequeños inversionistas) y los revendedores hipotecarios (que compran hipotecas a los bancos y las preparan para otros inversionistas). Todos estos instrumentos financieros conforman el mercado financiero, que representan los pasivos totales de un gran número de familias –en el caso de EE.UU. son alrededor de 40 billones de dólares, unos 400.000 dólares por familia estadounidense- Está claro, que montos tan grandes necesitan de controles permanentes, para evitar que estos fondos, sean desviados para satisfacer intereses de grupos, valiéndose de la función de intermediarios.
El Banco Federal se había convertido en una especie de trampa caza-bobos, ofreciendo altos dividendos y otras ventajas, para que los ahorristas llevaran sus fondos, los cuales, mediante más de 200 empresas relacionadas, muchas de ellas de maletín, transfirieron estos fondos a paraísos fiscales, logrando su dueño, el Sr. Mezerhane, apropiarse más de 1.162 millones de dólares. Todo ello fue posible, gracias a una pobre vigilancia de SUDEBAN, quien no pudo adelantarse a esas triangulaciones.
Nunca más podrá ocurrir el robo de los fondos de las familias venezolanas de parte de «banqueros», por lo que esta práctica tiene que ser considerada un crimen similar al narcotráfico y lavado de dinero, o al contrabando y la especulación de alimentos y medicinas. Estos delincuentes deben ser perseguidos, capturados, encarcelados y sus bienes incautados para recuperar algo del dinero que se han robado.
EE.UU. en un laberinto
En este momento, observamos a un EE.UU. con presencia guerrera en todo el continente; aprestándose a invadir a Irán, cuando ya lo ha hecho en Afganistán e Irak, creando la mayor fuente de conflicto y de grandes masacres a civiles. EE.UU. está en Asia y África y pretende un total dominio en Europa y ha ocupado militarmente a Costa Rica y Colombia, además de las bases que ya tenía en el Sur y el Caribe americano, todo con el propósito de volver a tener su «patio trasero», quien avanza hacia un proceso de independencia con Venezuela a la cabeza.
Pero esto no es lo único grave, también en este momento EE.UU. padece el mayor daño ecológico de su historia, como lo es el derrame petrolero en el Golfo de México —que a pesar de que se informa que ha sido controlado— el monto de los daños es incalculable, y hay más.
EE.UU. sufre una de las peores crisis económicas después de la Gran Depresión, con millones de desempleados y mucha gente viviendo en la calle. Esto sucede a 96 años de aquel 28 de julio de 1914, cuando se inicia la Primera Guerra Mundial, acabándose, según Karl Polanyi, la «paz de los cien años», largo ciclo histórico comprendido, entre el Congreso de Viena y el atentado de Sarajevo. Paz que había quedado asegurada por un sistema que tenía su centro en Europa y su periferia en las zonas de influencia y en las colonias de las distintas potencias europeas, y que funcionaba según las reglas que él mismo se había fijado: en el plano político la regla era el equilibrio entre las grandes potencias, del cual era guardiana y garante Inglaterra; en el plano económico, el principio de la autorregulación del mercado, del cual era expresión y garantía la convertibilidad de las monedas sobre la base del patrón oro; en el plano intelectual, el de la unidad de la comunidad científica y de la libre circulación de las ideas y de los descubrimientos. Todo ello no iba a sobrevivir al conflicto que estalló ese 28 de julio. Ese año marca un punto de inflexión no sólo en la historia de Europa, sino del mundo contemporáneo y representa un acontecimiento después del cual, nada fue igual a lo que existía anteriormente.
En esa guerra, se produce la revolución Rusa de 1917 y comienza la división del mundo con EE.UU. jefe de un bando; división que se acentúa después de la II Guerra Mundial, donde la división este-oeste ocupó el escenario internacional, situación que se resuelve a favor del oeste, cuando se desploma la URSS y comienza un nuevo ciclo, caracterizado, fundamentalmente, por la pretensión hegemónica de EE.UU. Sin embargo, el signo de este ciclo, no ha sido la paz; no solamente porque aquellos países de la URSS y sus aliados europeos se disgregaron al punto que la URSS originó 15 estados independientes, Yugoslavia 7 y Checoslovaquia 4 estados independientes, sino porque se ha llegado a un proceso de fragmentación más general, como se manifiesta en el estado de semianarquía en que se encuentran sumidas regiones enteras de África, del Asia Central y Caucásica, la situación de Colombia y México en América latina. La proliferación de paraísos fiscales al servicio de la especulación y del blanqueo de dinero sucio y la de pequeños estados, que al ser pobres de recursos propios, acaban siendo unas zonas francas para el tráfico de drogas, armas y similares, en beneficio de las organizaciones criminales internacionales y de un terrorismo, que sea convertido en un instrumento usual de la lucha política y también están los movimientos secesionistas que afectan a algunos países, incluso, a los europeos.
Todas estas situaciones son el efecto y la manifestación de un fenómeno más general, como la desaparición de la amenaza de un enfrentamiento apocalíptico entre las dos superpotencias, que ha dado vía libre y posibilidad de desahogarse a una conflictividad difusa y reprimida durante mucho tiempo. Un gran desorden.
Bolívar vive, la lucha sigue
El Bicentenario ha servido para comprobar que la oligarquía, latinoamericana y del mundo, había colgado a Simón Bolívar en un gancho, lo había despojado de su carga histórica, momificándolo. Hablar de Bolívar es decimonónico, dicen.
Cuando los movimientos revolucionarios que han marcado el inicio de este siglo, adoptan como guía fundamental, la gesta heroica de los luchadores de la independencia, 200 años atrás, comienzan los ataques. Los pueblos no tienen que tener historia, hay que liquidar a los héroes, no es casual que en el golpe de abril de 2002, uno de los primeros actos del nuevo gobierno, fuera quitar el cuadro de El Libertador del salón principal de Miraflores.
La conducta de la oposición y de la oligarquía en torno a los actos con Manuela y la exhumación de los restos de Simón Bolívar, de burla y descrédito, sólo obedece al intento de despojar a Bolívar de su carga revolucionaria y condenarlo a mausoleo. No lo han logrado, no lo lograrán y hoy hay que decir más que nunca, Simón Bolívar vive en el corazón del pueblo y junto a él, Sucre, Miranda, Manuela Sáenz, Josefa Camejo y tantos héroes que nuestra América dio. La espada de Bolívar, recorre a la América Latina para bien de los pueblos.