No arrastren el país a una tragedia
De nuevo debemos analizar y pronunciarnos sobre el conflicto entre el Gobierno nacional y la Iglesia católica, estructura socio-política que no cesa en sus ataques contra el Presidente de la República y que iniciaron desde antes que éste ganara la Presidencia en diciembre de 1998.
Nunca el Presidente ha cuestionado los fundamentos doctrinarios del Catolicismo, jamás ha objetado la esencia de la Doctrina de la Fe, ni ha menoscabado la autoridad del Episcopado nacional, la función de los sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, laicos comprometidos y los feligreses han sufrido molestia alguna por la práctica del culto.
Bajo su mandato, constitucional y legítimo, Hugo Chávez ha cumplido con todas sus obligaciones con la Iglesia, destacándose especialmente, el subsidio —que cada año se incrementa— y que se paga a los colegios católicos (sólo la Iglesia católica goza de este beneficio, muchas veces invocado por otras confesiones religiosas para pedir igual trato) y, como deferencia especial, los sacerdotes son jubilados, con pensión del Gobierno, al cumplir los 60 años de edad, a pesar de que ellos no cotizan al Seguro Social Obligatorio: Este beneficio lo tramitó monseñor Gustavo Ocando Yamarte con el vice-presidente, para ese momento, José Vicente Rangel, para ayudar a sus hermanos sacerdotes en el ocaso de sus vidas, pues nunca antes, ni los gobiernos de turno, ni los obispos y arzobispos, ni autoridad alguna de la Iglesia, se ocupó del destino de los viejos sacerdotes que moría en el abandono y hasta en la indigencia.
La Conferencia Episcopal Venezolana, motivada por arteras intenciones, sin importar a los obispos, arzobispos y, muy especialmente, al ya muerto cardenal Velazco, la tragedia que pudieron causar con el golpe contra el Estado, provocado por las fuerzas reaccionarias del país, entre las cuales la CEV ocupa posición de avanzada y que en abril de 2002, ocasionó tantos muertos que pudieron ser miles, persiste en su propósito de tumbar a Chávez y derrocar al Gobierno, sabiendo, porque lo saben, que tal locura, de producirse, conducirá a un baño de sangre.
Jorge Cardenal Urosa Sabino y los arzobispos, Ubaldo Santana Sequera, presidente de la CEV, Roberto Lückert y Baltazar Porras, cual agitadores de barrio, pendencieros irresponsables, que no piensan en cuánto representan, especialmente en la unidad de la Iglesia y en los sacerdotes, religiosos y religiosas que sienten simpatía y son solidarios con Hugo Chávez Frías y tienen que vivir, obligados, pese a la bruta y torpe conducta de estos hombres, muy lejos de la santidad y de la misión pastoral y quienes no defienden, ni a Dios, ni al Evangelio, ni al Santo Padre, ni a la majestad de la Iglesia: Están sólo comprometidos con sus ambiciones, sus mundanas apetencias de poder político y sus debilidades humanas.
¡Qué Dios los coja confesados y los ilumine, con su infinita sabiduría, antes que terminen de causar la tragedia que, conscientes de ella, están promoviendo con toda la intención de ocasionarla, lo cual será un crimen que solamente podrá medirse por el número de muertos que al final se causen!
Para justificar su acción, acusan al Presidente de ser comunista y llevar al país al comunismo cubano, pero mientras aquí, en Venezuela, ellos conspiran para derrocar al Presidente, el Santo Padre, Juan Pablo II, exultante de amor por su Iglesia, de una grandeza sin par, de una sabiduría que empequeñece a los sabios y de un don de gobierno magistral, visitaba a Cuba para reunirse con Fidel Castro, el comunista que ellos usan como excusa para justificar su negación al bien común.
La Iglesia católica cubana, encabezada por su Cardenal, arzobispo primado de La Habana, entendiendo su misión pastoral, actuando con gran dignidad y sabiduría, se sentó con el presidente de Cuba, Raúl Castro e intercedió por los presos políticos, con causas ventiladas en los tribunales y negoció la libertad de todos, logrando convenir un arreglo global, incluyendo la radicación de muchos de los liberados en otro país. ¿Es acaso nuestro episcopado más católico, más humano, más sabio, más justo y digno que el episcopado cubano?
Esto en lo que al pretexto invocado por la CEV corresponde y al que apelan por no encontrar asidero alguno para justificar su deleznable conducta: El presidente Hugo Chávez Frías es legal y legítimo; La libertad y la democracia imperan en Venezuela como nunca antes existieron; en este país no hay presos políticos; la libertad de prensa, el derecho de decir, cada ciudadano o grupo de estos, lo que sienten y piensan y hacerlo por el medio que se les antoje: periódicos, televisión, radio, plazas públicas, etc., es incuestionable; la libertad de disentir se ejerce cada día; la libertad de culto se prueba asistiendo a los templos de todas las religiones, acto mediante el cual podemos verificar cómo los evangélicos han superado a los católicos, no sólo en número, sino en devoción.
Las garantías constitucionales gozan de plena vigencia y jamás han sido suspendidas, ni siquiera durante el golpe contra el Estado en el cual ustedes participaron.
¡Se les exige, que depongan la actitud; que cesen de perseguir al Presidente y su gobierno; que respeten el ordenamiento jurídico vigente; que acaten y sometan a todos los poderes del Estado; que esperen las elecciones para propiciar los cambios; que no conspiren más.
De no acatar el mandato de las leyes y las decisiones electorales del pueblo, ustedes serán los culpables de todo cuanto pueda ocurrir en Venezuela y el propio pueblo se encargará de hacerlos pagar por ello.