Javier y Abel ni un saludo a Adelmo

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15 de diciembre, 2014 - 2:46 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Foto: Archivo

De la reciente visita de los hermanos Javier y Abel Castellano se dijeron las cosas más enaltecedoras del mundo. Los elogios para los muchachos no se hizo esperar, se lo merecían, pero caray, ni una sola palabra de salutación para Maracaibo, si tierra natal ni para el hipismo que les abrió las puertas, hipódromo de Santa Rita, en fin, fue realmente decepcionante la situación que experimentamos.

Estoy de acuerdo con algo, si ellos se olvidaron del hipismo zuliano eso es asunto de ambos, pero que no le hayan enviado un saludo al entrenador Alermo Urdaneta no tiene perdón de Dios. Recordamos como cuando se graduaron de jinetes su padre Abel Castellano vilmente asesinado en esta ciudad, se dirigió a Alermo y este a nosotros para que fuéramos guías de sus hijos en un ambiente de lo más cruel.

Para la época, la corrupción en las carreras de caballos era enorme y lo sigue siendo al extremo de que el hipódromo fue recientemente intervenido. Abel, como buen padre al fin se preocupó por sus hijos.

Una mañana en una conversación en la tribuna de traqueos la propuesta tanto de Alermo como la mía fue una sola. «Saca a tus muchachos de aquí antes de que te los echen a perder».

Es más, los mismos chamos sabían a lo que se estaban exponiendo y no los manifestaron abiertamente. Fue así como primero se fueron a la Rinconada y luego dieron el salto al  hipismo norteamericano.

Otra cosa que recordamos  es lo que ellos mismos sentenciaron: «Al único preparador a quien le aceptaremos montas cuando regresemos a Venezuela será a Alermo Urdaneta». Esta decisión fue en señal del respeto hacia su amigo el entrenador, pero que nunca se cumplió porque fue diez y nueve años después que regresaron a su pis de origen.

Narro esta historia para que sepamos de cómo el ser humano es tan amplio en eso de olvidar.

Ya Alermo no ejerce, nos hubiéramos sentido inmensamente felices si Javier y Abel le hubiesen enviado un saludo, por muy sencillo que fuera, pero no resultó así. La vida sigue, el mundo sigue, un saludo más, un saludo menos tiene peso, sobre todo cuando se trata de personas tan íntegra como don Alermo Urdaneta.

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