Brasil a cazar al fantasma del 50

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14 de mayo, 2014 - 12:01 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Foto: Agencias

La primera vez que Luiz Felipe Scolari dirigió la selección brasileña, la camiseta tenía cuatro estrellas. Hizo del equipo una «familia» y juntos conquistaron la quinta. Ahora este «especialista» en ganar Mundiales tiene la doble misión de cazar el fantasma del 50 y coronarse en casa. Es el segundo Mundial que Brasil organiza. La cita representará para «Felipao» la gloria o el fracaso absoluto. Al retomar el mando de la «seleçao» a finales del 2012 asumió el mayor desafío para técnico brasileño alguno: ganar en casa, frente a la exigente afición local, el sexto título mundial de fútbol. De 65 años y con una fama bien ganada de implacable y temerario, el artífice del pentacampeonato de 2002 quiere al mismo tiempo que sus jugadores lo vean «como un padre». «Voy hasta el infierno con ellos», dijo al anunciar los 23 jugadores —o hijos— que vestirán la camiseta amarilla a partir del 12 de junio en Sao Paulo.

Gloria o fracaso

De llegar a la final y ganar el 12 de julio en el Maracaná —el mismo escenario donde 64 años atrás Brasil cayó ante Uruguay en la final—, Scolari entraría en la historia brasileña como el técnico más ganador de mundiales, por encima de Mario Lobo Zagallo, quien ostenta el récord de cuatro títulos del mundo: dos como jugador (1958-1962), uno como entrenador (1970) y otro como coordinador técnico (1994), pero si fracasa, la vergüenza opacará la hazaña de 2002. Scolari sabe bien que los brasileños no le perdonarían que un fracaso les aguase la fiesta de nuevo, como cuando fueron anfitriones por primera vez. Nadie apostaba en la selección nacional cuando Scolari asumió el equipo en diciembre de 2012. Fiel a su estilo, armó un cuadro para alcanzar el cuarto título brasileño en la Copa Confederaciones y lo logró. Ganó por goleada (3-0) nada más y nada menos que a España, y consiguió que la afición brasileña comenzara a creer que la sexta estrella era posible.

¿Jugar bonito?

«Si podemos, vamos a jugar bonito y vencer. De lo contrario, vamos apenas a vencer», dijo Scolari en diciembre pasado. Ese «jogo bonito» de estilo vistoso con el balón que caracterizaba a Brasil se acabó con «Felipao» en 2002, imponiendo uno más agresivo y obediente tácticamente. Fue con ese nuevo modo de jugar que consiguió clasificar a la Copa del Mundo de Corea del Sur-Japón 2002 en la última fecha contra Venezuela. Y al momento de armar el equipo que viajaría a Asia, tomó una de las decisiones que le valieron fama de hombre sin complejos: excluyó al exastro Romario de la nómina que conquistaría luego el pentacampeonato. Y para el Mundial no apeló a la experiencia, dejando al veterano Robinho fuera del equipo, así como a Kaká y Ronaldinho. De los 23 jugadores que disputarán la Copa en casa, seis tienen experiencia mundialista.

La huella del vencedor

Luego de conquistar la Copa del Mundo de 2002, Scolari renunció a la selección brasileña, alegando motivos familiares. A finales de ese año se hizo cargo de la representación de Portugal y terminó escribiendo una de las mejores páginas del fútbol luso. Llevó al equipo a la final de la Eurocopa 2004 frente a Grecia, con la que cayó por 1-0, y alcanzó el cuarto puesto del Mundial Alemania 2006. En su palmarés figuran, además, dos Copas Libertadores de América: una con el Gremio de Porto Alegre, en 1995, y otra con el Palmeiras, en 1999.La «familia Scolari», como fue conocida la selección de 2002, está a punto de reunirse con otros hijos a partir 26 de mayo… y esta vez con el calor de su propia tierra.

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