En emisoras se oye más reguetón que gaita tambora

Elaboración del chimbaguele prevalece en el Sur del Lago

chimbanguele
18 de agosto, 2016 - 8:50 am
Edwin Urdaneta / [email protected]

La batería de tambores, conocidos por las cofradías de vasallos como requintas, el tambor largo, entre otros, y con que efectúan los siete golpes en tributo a San Benito y Ajé, son elaborados con árboles de balso

Foto: Archivo

La elaboración del chimbaguele se mantiene pese a que su declaratoria como patrimonio cultural ante la Unesco está paralizada desde hace tres años y con las organizaciones afrovenezolanas en divergencia sobre si es el culto católico-africano, o la devoción a San Benito en todas sus dimensiones, la que debe figurar en el expediente.

Lo cierto es que el legado aprendido por los africanos cimarrones establecidos en suelo zuliano hace más de cuatro siglos, mantiene intacta la elaboración del chimbaguele y el tambor largo, elementos cuyo toque y simbología, de acuerdo a los habitantes del municipio Sucre, siguen en resistencia de generación en generación, pese a la dominación social, la imposición religiosa y el voraz posicionamiento de las tecnologías.

La batería de tambores, conocidos por las cofradías de vasallos como requintas, el tambor largo, entre otros, y con que efectúan los siete golpes en tributo a San Benito y Ajé, son elaborados con árboles de balso, sus aros se confeccionan con taparo y el cuero proviene de animales.

«El balso se corta cuando la luna está en menguante, de acuerdo a la creencia y se seca al sol de dos a tres meses» comentó Leonel Arrieta, artesano y director, en la pieza audiovisual Chimbagueles, devoción en madera y cuero, dirigida por Julio Matos.

Carlos Chourio, responsable del colectivo cultural del costero municipio Sucre, refrió que las especies de balso y taparo, están en peligro de extinción «dado que carecen de productividad y los terratenientes prefieren sembrar yuca y frutales más rentables».

Culo ’e puya

Acota que no todo el municipio elabora tambores pero al cabo de unos años el efecto de la desaparición de la materia prima, simbolizaría un detonante que silenciaría la tradición ancestral. El balso es con que elaboran tambores culo e´puya y el tamor de fulía, propios del centro del país.

Arrieta agrega que persiste el empleo de cuero de chiva hembra, la piel de mono araguato y de vaca hembra, con poca grasa, para propiciar un pulcro repique entre quienes viven las fiestas anuales.

La tradición del chimbaguele no sólo está amenazada por la carencia de recursos naturales, sino por la imposición de cada día más accesorios tecnológicos. Frente a ello, Chourio agrega que la poca afluencia de internet en los pueblos Santos, ha concentrado a los jóvenes en seguir transmitiendo el ancestral el culto y su simbología.

En Sucre existen 14 escuelas de chimbaguelitos, integradas en promedio por 50 niños y jóvenes que aprenden danza dahomeyana, elaboración de los tambores, rendición de la pleitesía, letanías y la gaita tambora, ritmo que los medios poco difunden y han dado paso en grandes proporciones al reguetón y otros géneros, debilitando la identidad cultural zuliana, según advierten ambos consultados.

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