Francis Juzga

qpplaceholder
7 de agosto, 2015 - 4:27 pm
Redacción Diario Qué Pasa

*** Recibo las primeras producciones de la próxima temporada y los primeros sondeos de quienes durante años se han dedicado a eso que llaman «hit parade» de la gaita. En mi caso las estoy recibiendo desde el pasado mes de febrero y son temas que someten a mi juicio, pero que aún no suenan en las estaciones de radio. Está bien aquello de que el que amanece bebe agua clara, pero también es cierto que no por mucho madrugar el día será más corto. Vamos a darle tiempo a tiempo.

*** La visita de los solistas de Cardenales del Éxito a las instalaciones del diario QUÉ PASA, resultó en lo que a mí respecta, espectacular. La visita era para Rubenis González, la encargada de las páginas artísticas de este diario, pero según, exigieron mi presencia para saludarme y ese gesto naturalmente que me motivó. Recibir el efusivo abrazo de Melvin González no tiene sustituto, porque a través de los años me ha mostrado una amistad de profundas raíces. De Énder Fuenmayor ni hablar. He compartido con Énder no solo como gaitero, sino que me invitó una vez a un diálogo en el Teatro de Bellas Artes, junto a Daniel Alvarado. También como serenatero e intérprete de boleros de primera, actuó, junto a Enrique Quiroz para los empleados de este diario, en una fiesta de fin de año.

También estuvo Douglas Ochoa, que era Saladillo y no Cardenales en aquel entonces, pero nuestra amistad creció en cada amanecer gaitero semanal en La Cervecería 5 de Julio junto a Bernardo Bracho, o en Mi Vieja Discoteca con Bambaíto Guzmán. Los otros visitantes son todos muchachos que no habían nacido aun y que por no conocerme, se mantuvieron al margen. Al menos creo que se rompió el hielo, no con ellos por lo antes expuesto, sino con quienes fungen como principales porque ellos están conscientes de las realidades vividas.

El daño causado a la divisa será la gran tarea que corresponde enmendar a Énder. La gaita grabada en la que se insultó a locutores de programas  gaiteros, pudiera ser —quiera Dios que no— piedra de tranca, pero esta gente es nueva en el grupo y no tiene culpa de lo pasado, por lo que creo que esas asperezas se limarán sin problemas. De igual manera acepto que los nuevos, los recién llegados, en definitiva nada tienen que ver con la sucedido. Lamentablemente aún quedan raíces del daño causado a la organización.

Sepan que no guardo resquemores contra nadie en absoluto, eso sería ir en contra de mis principios, pero en este caso específico prefiero ignorar definitivamente. Que Énder, Melvin y Douglas y todo los nuevos miembros de Cardenales del Éxito, sepan que me reservo el derecho a muchas cosas por autorespeto  y autoestima, dos factores que como persona mantengo por las nubes.

*** Va una reflexión: La Libreta de Nuestra Vida.

Un día un hombre llegó a un lugar bello, pero también misterioso que le llamó mucho la atención. El hombre entró a aquella colina y caminó lentamente entre los árboles y unas piedras blancas. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sobre una de las piedras, descubrió aquella inscripción: «Aquí yace Abdul Tareg, vivió cinco años, seis meses, dos semanas y tres días». Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: «Aquí yace Yamin Kalib», vivió tres años, ocho meses y tres semanas. El hombre se sintió terriblemente abatido.

Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los seis años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. «¿Qué pasa con este pueblo? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?», le preguntó al cuidador. El anciano respondió: «Puede usted serenarse. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y comience a anotar en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado en los pequeños y grandes detalles… a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo interior, la felicidad, a pesar de las adversidades.

Las tumbas que usted ve aquí, no son de niños, sino de adultos; y el tiempo de vida que dice la inscripción de la lápida, se refiere a la suma de los momentos que duró la verdadera felicidad de cada una de las personas que descansan en este lugar». «Así pues —prosiguió el anciano dando una palmada en la espalda de su interlocutor—, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo vivido».     En cada detalle, en los buenos y amargos momentos, el tiempo que vivimos llenos de gozo por sabernos amados por Dios, por descansar nuestra alma en la esperanza que nos ofrece, es el tiempo que dura nuestra felicidad, y es el tiempo que dura la verdadera plenitud de nuestra vida. Tu vida es como esa libreta en tus manos, ¡comienza a llenarla con lo mejor de ti!

*** Cuando José Antonio Aguilar «El Músico» puso en mis manos la producción de Gaiteros de Mi Barrio, me hizo una sugerencia con respecto a La Última Piedra. Le planteé  lo mismo de siempre, que me permitiera escucharlo y después haría el juicio pertinente. Lo que sospeché se me dio. Porque otro tema, Bambuco Playero, es una gaita que va a sonar mucho, porque Ricardo Cepeda hace una interpretación tan impresionante del mismo, que me llamó la atención desde la arrancada. En pocas palabras, estoy seguro de que sonará más allá de los propósitos de José Antonio. Y la cosa no para ahí, el tema de cierre, Qué Viva la Pascua apropiado para el mes de diciembre, también superará lo esperado por «El Músico».

*** El deceso de Raiza Velásquez allá en Cabimas, me golpeó porque fue una muchacha que supo entender la responsabilidad que asumió como Reina del Deporte Zuliano. Sucedió en el trono a Subdelia Ramírez, representante de Tía Juana, quien venía de cumplir una extraordinaria actuación como soberana, primera de la C.O.L y quien puso sobre las sienes de Raiza, la corona que permitió que  toda la Costa Oriental brillara en la parte sociodeportiva del Zulia. Raiza fue extraordinaria, no hubo invitación a la que no asistiera como reina y con una sonrisa de lo más cautivadora, se ganó la admiración de todos. Un postrer adiós a Raiza Velásquez, convencidos de que los dioses del Olimpo la recibieron con alborozo en su estadio. Paz al alma de la «Muñeca de Cabimas».

*** Hay un fenómeno que por mucho que me empeño en descifrar nada que lo logro. Sabido es que todos los niños, excepción con las hembras, al pasar a la adolescencia cambian de voz, desarrollo que llaman. Pero no sucedió de ese modo con Enrique Quiroz, Luis Germán Briceño o Daniel Méndez. 40 años después siguen campantes mientras otros tuvieron que retirarse. ¿Dónde radica el misterio y por qué con las niñas no se da ese fenómeno? Uno     que sepa más que yo de estas cosas, sabrá explicarme para poder descifrar este enigma.

*** Las cosas que me suceden parecieran en oportunidades, ser celestiales por lo hermoso de ellas. Comparto con todos, esto que me parece algo de lo más especial:

Feneció el Rumor….Nos desconocimos tanto tiempo. De pronto vio algunos de mis escritos y lo criticó —en el mejor sentido— y mandó a decirme que no dejara de hacerlo —de escribir— y siguiera con esas ganas de continuar, de nunca abandonar este oficio tan hermoso y doloroso que es punzar el lápiz contra el papel. Y nos hicimos un rumor el uno para con el otro, algún saludo nos mediaba «La Negra» de vez en cuando, algún recado. Y cada uno continuaba en su lugar, separados por los metros de tierra y asfalto que concentra esta ciudad calurosa y dormida, dormida de ganas y despierta al desorden anárquico. Más temprano que tarde, después de un año de sabernos vivos, pero sin rostro, nos topamos en medio del dolor de nuestra emisaria, en medio de la pérdida, en la tristeza de nuestro cartero personal. «Mucho gusto», fueron las palabras de Francis. Y yo nombré mi nombre entre un mar de gente y una sala de puerta de llanto «mucho gusto José. Quedamos de acuerdo en que fue una lástima que nos conociéramos en tan triste circunstancia», «otro día caigo en el diario para conversar un rato, fueron mis palabras casi de inmediato luego de presentarnos», «por allá estamos a la orden», fue la conclusión del rumor, fue la respuesta de Blackman. Entonces ya tenía rostro. Francis Blackman y José Núñez ya tenían un rostro.

Y nos llegaba el domingo, nos dejamos ver las caras en medio de una redacción de diario, y entramos al cortejo del café como si toda una vida hubiéramos estado conscientes de una amistad, como si de verdad yo fuera un colega de años de prestancia y servicio. Y me habló de su primeros años, de como con 15 años entrevistó a Rockie Marciano y las diabluras y problemas que ocasionan decir y criticar las cosas cuando están mal hechas. Del béisbol pasamos al boxeo, de boxeo a como se perdió el volibol en las escuelas, y entretanto me dediqué a escuchar, porque solos se escucha en momentos en los que tanta experiencia se te planta en los ojos. Y solo asentía  con la cabeza y seguía escuchando.

Pasaron casi tres horas, «La Negra» se acerca y comenta, «qué, ya se aburrieron» y las palabras de Francis fueron: «Uno nunca se aburre del deporte, esto solo fue una partecita, ahora es que nos falta». Nos alejamos en un abrazo, nos dejamos y compartimos nuestro amor al deporte. El maestro enseñó al alumno a nunca ser mánager de tribuna, a entender que nunca se es fanático cuando se es periodista y a nunca vender el oficio por unas cuantas monedas extras…José Ángel Núñez.

Cuando terminé de leer lo escrito por «Pepe Anguito», mi emoción no tenía termómetro, me sentí realmente motivado. No pensé que una simple conversación, con el corazón en la mano por supuesto, despertara tal sentimiento en el ánimo de José. Estuve ante alguien —eso es lo que sigo pensando— que hará de su profesión de periodista una manera de entender más y mejor la vida. Creo que me gané un amigo de un valor moral incalculable. Qué José termine por complacerme y cumpla lo que le pedí: Ser un buen periodista.

Mi amistad con Énder Fuenmayor es de vieja data dentro de la gaita. Al fondo aparece Alves Aguirre con su recordada Anita

Foto: Cortesía

¡Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos!

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