Vocero no nace, se hace

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19 de junio, 2017 - 9:41 am
Lenin Tremont Franco / Instagram: Lenin.tremont / [email protected]

Periodista, Trabajador Social, Docente, Máster en Educación, Doctor en Ciencias Pedagógicas, experto en Opinión Pública y Percepción del Mensaje, Asesor y especialista en diseño e implementación de campañas comunicacionales

Todos  ejercemos socialmente la comunicación, pero unos pocos lo hacen de manera profesional, como voceros institucionales o representantes de partidos políticos, es allí cuando se deben desarrollar habilidades comunicativas para poder manejar eficientemente crisis comunicacionales.

Cuando una empresa de comunicación desea acabar literalmente con la credibilidad o la imagen de un político o una institución, bien sea por su línea editorial o por un compromiso crematístico con un patrocinante o colaborador, no hay quien aguante ese ataque, a no ser que el vocero esté bien entrenado.

Isócrates, orador griego, que vivió desde el 436 a. C hasta 338 a. C, escribió “No hables sino cuando estés perfectamente instruido o cuando te veas obligado a romper el silencio. Sólo en este caso vale más hablar que callar; fuera de éste, más vale callar que hablar.” Esto es una máxima en la formación de vocerías.

Políticos y gerentes aficionados toman a la ligera la formación como voceros que les permita desollar su capacidad  de actuar de manera eficaz y eficiente en la práctica de la vocería comunicacional, a través por ejemplo de un taller teórico-práctico donde se defina el proceso social de la comunicación, el discurso de los medios masivos, la forma en que se estructuran, sus intereses y agendas.

Un buen taller de vocería debe proporcionar herramientas comunicacionales concretas, para que el portavoz en ejercicio pueda aplicar de manera asertiva los lineamientos institucionales e identificar debilidades y aprovechar las fortalezas, para la difusión y defensa de los logros de la institución, partido político, programa, propuesta u oferta.

Un vocero político o institucional debe aprender a identificar y desmontar matrices de opinión y comprender cómo las mismas se estructuran a partir de las debilidades, reales, de la institución o partido político que representa.

Un vocero esta perdido o arruinado si su discurso no es propio, creíble, coherente y organizado que enfrente a la manipulación mediática o una crisis de comunicacional.

Frente a las agendas propias y ocultas de los medios, se impone definir desde la empresa o el partido una agenda propia a ser aplicada mediante una ofensiva comunicacional, que se adelante a las campañas. Solo se puede responder a una campaña de desinformación con una campaña de información, en ocasiones la mejor defensa es el ataque.

Un vocero debe ser asertivo, que es aquella habilidad personal que nos permite expresar de forma verbal y no verbal sentimientos, emociones, ideas, opiniones y pensamientos, en el momento oportuno, de la forma adecuada y sin negar ni desconsiderar los derechos de los demás.

El proceso humano de la comunicación social ha sido mediatizado por los medios de comunicación social privados y públicos, cada uno según sus intereses le dan un enfoque al tratamiento de lo que muestran como información o noticias y allí su empresa o partido político puede salir perdiendo y en especial si su vocero oficial no está entrenado para lidiar con esa realidad.

Recuerde que un vocero no nace sino que se hace, intencionalmente, en el fragor del entrenamiento comunicacional, que le permita conocer bien a su enemigo, que la mayoría de las veces es él mismo, fórmese como vocero y sáquele el mayor provecho a sus fortalezas.

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