Vicios y malas prácticas democráticas

qpplaceholder
25 de octubre, 2015 - 3:28 pm
Redacción Diario Qué Pasa

La teoría y la práctica muchas veces andan y recorren caminos muy distintos, y en tal sentido los resultados son casi siempre antagónicos.

En la política práctica por oportunismo se cometen muchos gazapos. Dichas desviaciones son preocupantes y encienden las alarmas de los códigos de conducta de los verdaderos líderes y funcionarios honestos por la mala praxis política que se instala y práctica.

Dentro del ejercicio democrático se han desarrollado vicios que desfiguran y ocasionan graves problemas.

En democracia se ha venido cultivando el vicio monárquico de la dinastía sucesoral que ha avanzado sistemáticamente, amenazando el principio de igualdad y participación política como expresión no solo de incultura partidista sino de abuso de poder.

No basta usufructuar el poder legítima y legalmente, hay que mantenerlo en forma indefinida tomando los atajos que da el abuso para preservar la hegemonía  utilizando los vínculos de sangre.

Los gobernantes de elección popular designan a sus herederos «democráticamente» como sus sucesores. Ejemplos: esposas, hijos, nietos, cuñados son «elegidos» (impuestos)  mediante el sistema del sucesor como en las viejas monarquías absolutistas.

El pueblo conoce todos esos «nobles» beneficiarios de tan aberrante práctica.

Este vicio es general dentro del ejercicio democrático.

Es practicado tanto por el Gobierno como la oposición sin ningún tipo de rubor. El nepotismo no se utiliza, no es seguro, es mejor la elección «popular» controlada.

Los verdaderos militantes que aspiran cargos de elección popular son delegados por peligrosos.

Su pecado: estar bien preparados y ser consecuentes con la causa.

Estas prácticas viciosas se han hecho moneda corriente en casi todo el mundo amenazando de esta forma la esencia de la democracia, degradada y desplazada por ideales perversos contrarios a sus principios esenciales.

Existe preocupación en la política por las desfiguraciones, desviaciones y mimetizaciones  operados en los códigos de conducta política de líderes y funcionarios encargados de la praxis política democrática.

La nueva teología del poder, donde la trinidad divina se comporta en forma acomodaticia, y como la moda sin perder su capacidad de misterio, arcano y de trascendencia debe ser execrada como expresión de desviación fundamentalista democrática.

Tendrá razón la máxima del «Libro Verde» que reza que «el partido aborta la democracia».

Comente