Sentido de la agresión económica

22 de agosto, 2016 - 3:06 pm
Eduardo Marmol

 

La cultura capitalista, promueve la corrupción como un «acto de audacia», de «suprema inteligencia»

Foto: Cortesía

La política del imperialismo en la defensa de su modo de producción capitalista, ha sido acertada, y genocida en Venezuela. La burguesía nacional y trasnacional, como sujeto social de la historia privada capitalista ha logrado imponer a su enemigo histórico, la clase obrera, y al Lumpen, especialmente, el cinismo despiadado de su cultura.

Bajo la hegemonía de la cultura capitalista, en la cual nacimos, y en la que vivimos, seguimos siendo los más consecuentes defensores de ese instrumento, mediante el cual oprimen, esclavizan, y ahora nos están matando de hambre.

La cultura capitalista, promueve la corrupción como un «acto de audacia», de «suprema inteligencia». El comercio inhumano, establece en Venezuela una lógica de rapiña que impulsa ganancias de empresarios, comerciantes, mercachifles y «bachaqueros», que superan hasta el 10.000% de especulación, técnicamente robo, atraco monetario y cultural al debilitado salario de la clase obrera venezolana. (… 1 y 2 voces de la calle, dominada por la ideología capitalista).

La inflación inducida (robo comercial) que se da diariamente, en desmedro de la calidad de vida del pueblo, que habíamos alcanzado en el proceso de cambios y reivindicaciones populares impulsado por Chávez, es el más alto del mundo. Satisfacer las necesidades básicas para la vida, en este momento signado por la repugnante cultura capitalista, cuesta más en Venezuela que en Dubái, asqueroso paraíso fiscal, montado por el capital financiero trasnacional en los Emiratos Árabes Unidos, donde concentran riquezas materiales como oro, diamantes, perlas, compradas con papeles del mercado bursátil, en varias regiones del mundo.

Tiene mucho sentido la agresión económica sobre Venezuela, donde el imperialismo había sufrido algunos reveses importantes propinados por el proceso bolivariano, dirigido por Chávez. El capitalismo, en su carácter privativo de la producción en favor de sus dueños, la burguesía nacional y trasnacional, como monopolio cultural para controlar el pensamiento, la conciencia y la vida del proletariado en este país, lanza sobre nosotros una política de dominación total, basada en la improductividad inducida de un incipiente aparato industrial difunto, la creciente tendencia a la economía de puerto, de la cual hemos dependido en gran medida en los últimos tres años.

En esa política de economía arrasada de todos los mecanismos que había impulsado el proceso bolivariano para enfrentarse al Estado burgués, que ahora está más fortalecido, el imperialismo ha utilizado todo su poderío visible e invisible. Manuel Rosales, ayudado por López Sisco, fue el encargado imperialista para instalar en Venezuela un ejército paramilitar, responsable del control de la economía informal, blanqueo de capitales, contrabando, devaluación expresa del bolívar, robo de vehículos, sicariato, y la enseñanza de la cultura narco, que es una variante de la cultura capitalista.

El gobierno legítimo de Maduro, nuestro gobierno, ha sido el más asediado. Aumentar los salarios, poco sirve, si no se prohíben los nuevos aumentos de precios. Todos los que no somos burgueses, estamos obligados a la defensa de la patria venezolana, que implica la defensa de la soberanía en su concepto ampliado: defender los irrenunciables recursos naturales, el territorio, y la independencia, pero responder también culturalmente a la cultura capitalista que ha inoculado la sumisión a nuestro Bravo Pueblo, que es el único capaz de vencer el ataque económico capitalista.

Socialismo o socialismo, venceremos.

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