¿Prehistóricos?

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16 de enero, 2017 - 12:45 pm
Eduardo Mármol

A veces se nos pierden las categorías; la huella, la imagen o la definición real de la ciencia en sus diversas expresiones  de materia; en sus relaciones con el espacio y el tiempo, origen y desarrollo de todo movimiento creador de vida, y de existencia constante.

La historia es una realidad de la vida social que discurre, como los ríos que pueden secarse en el olvido, o permanecer  en estrecha relación insoslayable con la manera de vivir de la tribu, las gens o la sociedad.

La historia antigua dependía de la Hibris, que transgredía el límite trazado por los dioses; entonces Heródoto nos cuenta  cómo regresan los mortales de la casta dominante del modo de producción esclavista antiguo, a la mesura, la cual nunca debieron transponer.

A Heródoto, a su principio de historia idealista, le interesaban los hechos, los acontecimientos, la manera cómo escapaban de su Hibris, los transgresores del orden divino. Muchas aguas han corrido debajo de los puentes, y la historia hoy, capitalista, contada por el capitalismo mismo,  se empecina en no romper los moldes  de su vetusto olimpo: la historia que predominantemente se contonea, es la historia, capitalista, y por tanto el anticientifisismo social.

Esa historia idealista, que nos sigue fastidiando, es la historia que Fukuyama, a nombre del imperialismo, pretendió proclamar como el fin de la historia. «El fin de la historia», no es su desaparición, sino el punto culminante de la historia, es decir, que más allá del capitalismo, no puede haber otra historia; y esa historia, que a nombre del idealismo pseudocientífico se pretende negar, es el socialismo, como historia científica.

La historia, según la perspectiva científica de Karl Marx, es la manera cómo vive la sociedad en la fragor de su lucha de clases. El modo de vida, su cultura y el comportamiento, depende del modo de producir, y de sus relaciones sociales de producción. El esclavismo, según el materialismo histórico, es la primera fase, el feudalismo, la segunda, y el capitalismo, la tercera fase de la prehistoria. Lo que indica  que en Venezuela  no hemos comenzado la historia, o sea, somos todavía prehistóricos.

Cuba, a diferencia nuestra, ha comenzado la historia; como sabemos, ya tiene más de 50 años de edificación de la transición socialista, hacia el punto culminante de la historia: la sociedad comunista, donde no hace falta el Estado, ni el gobierno, porque al desaparecer la división de clase, desaparecen los últimos vestigios de la privacidad sobre cualquier forma de propiedad, con su consecuente desaparición de la lucha de clases; y entonces la sociedad es una sola en su perfección social.

Si Martí, al frente de las huestes mambisas, se enfrentó al imperio, es decir, a la fase superior del feudalismo, que se negaba a morir en los llamados dominios de ultramar, para derrotar al colonialismo tardío y consolidar la independencia de Cuba, entonces en esa dirección, el más grande aporte de Fidel es en el plano de la edificación de la historia socialista en Cuba; en gran parte de África, sin desmedro de haber señalado un camino, una manera, un método, una guía para la acción político revolucionaria en ese sentido, en América y en el Caribe.

Es imposible romper la interconexión científica existente entre la  prehistoria y la historia; por eso, la antorcha que iluminará siempre nuestra marcha hacia la victoria en contra del capitalismo, y sus variopintas formas de neocolonialismo, serán siempre Bolívar, Martí, Marx, Engels, Lenín, los partidos comunistas, los mártires que murieron en esa lucha, Fidel; y el ejemplo patriótico de Chávez.

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