Paramilitarismo en Venezuela

qpplaceholder
7 de junio, 2015 - 3:00 pm
Redacción Diario Qué Pasa

La hermandad entre los pueblos trabajadores de Colombia y Venezuela no está en discusión. Esa identidad de criterios patriótico-republicanos la forjó Bolívar a partir del Manifiesto de Cartagena que propició las jornadas del bajo Magdalena que marcaría el inicio de la Campaña Admirable, en cuyo desarrollo, «el hijo de la infeliz Caracas» recibe el apoyo de 400 momposinos, cuyos sobrevivientes lo acompañaron hasta Carabobo.

Los neogranadinos, sumados al Ejército Libertador, Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte a la cabeza, no solamente son héroes de nuestra causa emancipadora, son también el testimonio vivo y perenne de la hermandad entre los pueblos trabajadores de Venezuela y Colombia, más allá de las posiciones chovinistas de gobiernos transitorios en ambos lados, que en el tiempo se dieron, y pudiesen darse en el futuro, procurando  estimular enfrentamientos fratricidas que solo fortalecerían hoy a los buitres del imperialismo.

La unidad que transversaliza la última proclama de Bolívar, es hoy la unidad de los oprimidos por el capitalismo, frente al imperialismo y sus lacayos.

El proyecto paramilitar que ya está desatado sobre el bienestar y la vida de todos los venezolanos que así nos asumimos, en nuestra proyección latinoamericanista y caribeña, amenaza y agrede no solamente a Venezuela, sino que sigue siendo el más cruel de los verdugos de Colombia, donde ha asesinado a más de 300 mil mujeres, hombres y niños; y ha desplazado a más de 7 millones de neogranadinos, que hoy deambulan por las calles, desmovilizados ante la posibilidad de una vida digna, y ante la lucha por la liberación nacional.

El proyecto paramilitar imperialista, utilizado nuevamente en contra del proletariado mundial, dirigido en Colombia y Venezuela por el genocida Álvaro Uribe Vélez, no ha sido desactivado, sino que  comienza una ofensiva abierta en contra de la Revolución Bolivariana, proceso antiimperialista de liberación nacional, liderado por Chávez. «Voy acabar con el castro-chavismo en Venezuela», sentenciaba la bestia sanguinaria de la historia capitalista, asesino, además, de Jaime Garzón, Robert Serra y María Herrera, cuando declara abiertamente una guerra particular en contra del pueblo trabajador venezolano utilizando sus decenas de miles de paramilitares sembrados en el territorio venezolano.

El necesario enfrentamiento al paramilitarismo, responsable hoy de la conducción de todos los actos de saboteo, y de agresión económica, y su consecuente empobrecimiento y miseria de las masas esclavizadas por el capitalismo,  asesinatos selectivos, sicariatos, y su ulterior  enseñanza de la violencia física y psicológica en nuestro país, no significa propiciar una guerra con la Nueva Granada. Es más bien, la acción decidida a combatir a un enemigo común de los pueblos trabajadores de Colombia y Venezuela.

Cuadros destacados del paramilitarismo, Julito Vélez, y su padre, viven en Venezuela; tienen cédula de venezolanos, y están registrados en el CNE. Más allá de su implicación directa en la conexión uribista para asesinar a Robert Serra y a su amiga María Herrera, está la realidad insoslayable que el proyecto paramilitar dirige el «bachaqueo» integral para robarse el país entero, y acabar con la Revolución Bolivariana como fuerza popular antiimperialista y de liberación nacional.

El paramilitarismo, hoy operando en Venezuela como instrumento de las fuerzas opositoras, no tiene patria, ni partido: es una fuerza mercenaria, genocida al servicio incondicional del imperialismo.

Comente