Macondo en Caracas

qpplaceholder
23 de marzo, 2014 - 2:29 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Macondo está de regreso.  Aquel pueblo que inventó García Márquez para reflejar en el la realidad de cualquier ciudad de América Latina, ha vuelto a la vida una vez más. En esta ocasión le ha correspondido a Caracas.

Esta ciudad, como muchas otras de Venezuela ha estado sometida desde el 12 de febrero pasado a un intenso movimiento de alteración de su cotidianidad por un pequeño grupo de agresivos activistas políticos, amparados en el sector del movimiento estudiantil que adversa ideológicamente al gobierno del presidente Nicolás Maduro. El objetivo explícito de estas acciones de desobediencia civil, es forzar la renuncia de éste y la más notoria de ellas es el cierre de calles con basura, palos y piedras, impidiendo así el tránsito de vehículos. En otras palabras: «guarimbas».

Estas se han realizado fundamentalmente en los sectores de clase media o alta de las ciudades grandes del país, como: Maracaibo, Mérida, San Cristóbal, Barquisimeto, etcétera. En otras, medianas y pequeñas los cierres han sido pocos, como en Cabimas; o ninguno (San Francisco). Una estrategia política igual a la empleada en Egipto, Libia y más recientemente en  Ucrania. Es la nueva metodología del golpe de Estado del siglo XXI.

La situación se hizo macondiana cuando el día miércoles 20/2 un grupo de mototaxistas tomaron la iniciativa de reabrir las calles por donde habitualmente circulan para prestar su servicio. Para esto, debieron convencer a los responsables de las respectivas «guarimbas», de la necesidad que ellos tenían de circular por allí, para poder trabajar. Los diálogos entre unos y otros son una pieza maestra de argumentación jurídica: los motorizados planteaban que ejercían su derecho al trabajo, que de eso viven, y por tanto necesitaban la calle abierta para poder circular. Los de la «guarimba», replicaban por su parte, que ellos ejercían también un derecho, el de protesta y que aquello era una «guarimba», sí, pero pacífica; así que todos debían respetar el cierre de calles, que eso estaba en la Constitución.

Los pasajeros de los mototaxistas intervinieron también y argumentaron por su lado, que ellos también tenían derecho a llegar a sus casas y no se lo podían violar, porque también eso está en la Constitución.

Explicarse aquellos diálogos con criterios racionales, jurídicos o políticos, resultó insuficiente para este escribidor, por eso vuelve a brillar Macondo en la memoria. Allá, como en la Venezuela de estos días, la realidad convivía con la magia. Así somos.

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