«Maestra sírvame más, porque en casa comemos una vez al día»

qpplaceholder
11 de abril, 2016 - 3:34 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Venezuela vive una evidente crisis que cambia modos de vida y evidencia crudas historias. El más reciente testimonio de una niña en una escuela del Sur del Lago dejó a maestros y obreros con profundo sin sabor, toda vez que le implorase, en el comedor del PAE, le despachasen dos veces porque «solo comen bien una vez al día». La docente comunicó a la directora del plantel la extraña actitud de la jovencita y al final del día esta expresó, en medio de su inocencia, que en su casa no comían bien. Su madre, sin empleo fijo  y soltera, les dio instrucciones de pedir mucha comida y llegar con el estómago «bien cargado» porque «no hay dinero» para alimentarse.

En otro centro educativo causó impresión cómo un niño recurría al patio del plantel a bajar mangos verdes en medio del horario de clases.

Pedía permiso para orinar y en el trayecto, corría, bajaba los ácidos frutos. Luego de comerlos, volvía al aula. El director de esa institución educativa lo siguió y, en una de las instintivas andanzas del escolar para sobrevivir, el educador le reclamó: bajar mangos verdes no se hace, porque es dañino para la salud. El chico, con mango verde en mano, respondió: «Maestro discúlpeme, pero este es mi desayuno» y mordió hasta el último trozo. Los ojos del educador se aguaron aunque diligente, no le quedó sino sacar dinero del bolsillo —que emplea para los pasajes— y le compró dos pastelitos de papa con queso.

Queda claro que las escuelas no son los centros donde se pasa hambre, producto de la crisis, sino en los hogares. Por más que voceros del sector palien realidades como estas, la necesidad sigue campante, socavando al indefenso.

Los venezolanos han cambiado sus tres papas diarias por dos, y quizá menos. La  incidencia de la situación económica deja en evidencia desgarradores casos de baja alimentación, con escaso contenido proteíco, y, sino fuese por las políticas de Estado, pensadas en combatir el hambre de escolares cuyas familias viven en extrema pobreza, quizá los dos niños acá preservados de identidad, no comieses ni una vez al día.

Los padres de familia han cambiado los menú. Ya el venezolano no come igual porque no le alcanza, se abastece con lo que está a su alcance, lo que en la cola se le permitió comprar.

Anécdotas de una crisis que esclarecen oscuras realidades. El pan nuestro de cada día, es cada vez más difícil de probar.

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