La pasión por el silencio

Roberto Quintero
4 de julio, 2016 - 9:53 am
Roberto A. Quintero V.

La libertad de opinión es un derecho respaldado por la razón sustentada por convicciones poderosas.

Cuando alguien se ve cuestionado es signo de debilidad y no de fortaleza que le da la posición del ejercicio de actividades y funciones públicas dentro de cualquier organismo del estado.

En tal sentido las convicciones que alguien mantiene para defender una posición, se ofende y amenaza por el cuestionamiento de que es objeto sustentándose en el principio «que tiene la razón» utilizándose de esta manera en el camino de engañarse a si mismo convirtiéndose así en un fanático fundamentalista intolerante.

En el ejercicio de la praxis democrática la libertad de opinión y el principio de igualdad constituyen la regla de la razón y el fundamento vital del respeto por los principios que impone el sistema democrático.

La tolerancia es expresión dependiendo como se le mire e intérprete de un alto nivel político-cultural.

El hecho de ofenderse por la crítica es un elemento fundamental de la indignación y la vía cuando no se está asistido de la razón ni lógica legal, ni jurídica, constituyendo las medidas que se implementaran y aplican en simples medios de la censura característica de la lógica paranoide de una mentalidad censora.

El censor cree que su acción además de legal es legítima y su actuación además de legal es legítima y su actuación está fundamentada en la defensa de los derechos de la colectividad.

La censura es un fenómeno complejo caracterizado por poseer no solo de menciones psicológicas sino también políticas y morales.

La cesura (de cualquier naturaleza) encarna no solo males a largo e incluso a mediano plazo.

No genera beneficio alguno que pueda asegurar que se deriva de ella.

No existe oficio más desagradable que querer actuar como censor, orientador y controlador de la opinión pública. «La institución de la censura otorga poder a personas con una mentalidad fiscalizadora y burocrática que es dañina y perjudicial para el ejercicio pleno de la democracia, incluida la vida eventual y espiritual».

En censor es un ignorante imperioso, cruel, negligente o vilmente codicioso.

Las personas que pretenden actuar como censores son la que menos falta hacen en el desempeño de la actividad pública.

«El censor está destinado —según J.M COETZEE— a ser el estúpido que va tropezando y del cual se ríen y escapan los demás, porque no sabe que es estúpido, porque cree que no está en el centro del círculo del poder, es rey».

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