La ley y la justicia

qpplaceholder
5 de octubre, 2015 - 3:42 pm
Redacción Diario Qué Pasa

«El poder del Estado esta limitado como esencia para cumplir con el Estado de Derecho». La represión y la libertad encierran una contradicción debido a que ambas están controladas por normas sobre el margen de libertad de los ciudadanos y la represión de que pueden ser objeto indicando  la órbita de actuación tanto del estado como del ciudadano.

Sin embargo la paradoja señalada plantea límites legales como control para que sea posible el esclarecimiento de la verdad, y el ejercicio de la justicia como expresión del Estado de Derecho y de justicia.

La justicia siempre debe estar en función de la verdad, en tal sentido esto implica que no se puede premiar a unos y castigar a otros cuando se presenta un problema legal grave y los autores deben ser enjuiciados o liberados por el delito ocurrido, en las circunstancias de modo, tiempo y lugar.

Es necesario señalar que el texto constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y en casi todas las constituciones a nivel mundial se protegen como valores superiores del ordenamiento jurídico del Estado y de su actuación la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad individual y social, la preeminencia de los derechos humanos, la ética publica y el pluralismo político.

Cuando se plantean hechos delictivos violatorios de la Constitución, leyes y sus reglamentos, la acción del Estado se encamina a investigarlos de conformidad con la naturaleza de los delitos que atentan contra el estado de derecho. El actuar en forma justa demanda de sus actores hacerlo concretamente, sin que existan dudas en la aplicación de una justicia ejemplar. La ley no es la opresión de la libertad, sino garantía de ella.

La libertad del hombre sometido a un Poder Civil consiste en disponer de reglas fijas para acomodar a ella su vida, siendo esas reglas comunes a cuantos forman parte de la sociedad y las mismas hayan sido dictadas por un poder legal, legitimo y justo para encontrar la igualdad y la libertad como exigencia esencial del ser humano.

Cada ciudadano debe hacer lo que no es contrario a la ley, y si por alguna razón transgrede el aparato legal, el Estado debe investigar para estar seguro de la violación e impedir que se cometan errores lamentables que tendrán una negativa en el futuro a la hora de decidir causas que presentan muchas fallas y lunares.

Los jueces no son si no las bocas que pronuncian las palabras de la ley en nombre del Estado y ellas deben estar ajustadas a la verdad para conseguir la justicia «como la suma de las virtudes ciudadanas». La ley no puede ser interpretada a la ligera por los representantes del Estado debido a que se puede impulsar la impunidad y cometer errores muy graves.

Se podrán efectuar todas las interpretaciones erradas que se generan carentes de un análisis legal profundo, pero la verdad resurgirá siempre como el Ave Fénix  y la justicia se impondrá para beneficio de la salud ciudadana.

«Podrán cortar todas las flores —dijo Neruda—, pero siempre habrá primavera».

«No hay libertad allí donde las leyes permiten que en determinadas circunstancias el hombre deje de ser persona y se convierta en cosa».

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