¡La corrupción sigue, sigue…!

qpplaceholder
17 de agosto, 2014 - 1:49 pm
Redacción Diario Qué Pasa

De las variadísimas formas de corrupción tan recurrentes hoy en Venezuela, tomamos 2:

1) Precios justos

¿Cómo pueden llamarse justos los precios que la burguesía aplica a los cachivaches que importa con dólares preferenciales, otorgados por el Gobierno nacional para empobrecer a la clase obrera y trabajadora de la ciudad y el campo? ¿Dónde está la cadena de comercialización de cada uno de los productos para verificar su carácter de justo?

Ante semejante disparidad entre el precio de lo necesario para vivir y el sueldo devengado para comprar, se produce un aumento de la pobreza que había sido reducida «por Chávez», a un poco menos del 7% y se constata que solo el capitalismo, modo de producción explotador del trabajo asalariado, y en el cual se produce este desbarajuste, es el causante de la pobreza y de la miseria donde quiera que ha incubado existencia.

¿Dónde está la justicia en este intercambio desigual, donde los precios son aumentados indiscriminadamente por una burguesía suelta de madrina y en la más completa impunidad, mientras a los trabajadores no se les aumenta el sueldo y no se le admiten, ni se le firman contrataciones colectivas justas?

La categoría precio justo no recoge la verdad de la realidad inflacionaria y especulativa con respecto a la capacidad de compra del salario, que en estos momentos no posee la clase obrera y trabajadora. No es cierto que haya precios justos  en los actuales momentos, el reflejo de esa realidad adversa para las mayorías, es que esos precios son favorables solo a la burguesía que ha hecho en los últimos 15 meses los mejores robos de su historia en Venezuela.

Nombrar y aplicar la categoría precios justos, constituye un acto de corrupción, porque no es cierto que haya precios justos de la burguesía.

Es comprensible que la oposición venezolana al Gobierno nacional no haya levantado voces sobre este enojoso asunto, la razón: esos precios desorbitados aumentan la riqueza de la burguesía exponencialmente, mientras condena a la indefección al pueblo trabajador. ¡Si así llueve, que no escampe! Grita, el parasitismo burgués que juega al desabastecimiento, al contrabando y a la escasez.

2) La impunidad

La impunidad es otra forma de corrupción y además, la más lamentable porque a través de ella, todas las formas de corrupción se legalizan, y lo más grave, se hacen costumbre. Es por medio de la impunidad que una buena parte de nuestro pueblo ha aceptado la corrupción como algo absolutamente normal y ha comenzado a sentirla y a hacerla como práctica de vida.

En Venezuela se perdieron 20.000 millones de dólares de Cadivi y no hay un solo preso por ese delito.

Cada segundo la burguesía comete decenas de robos, en aumentos no autorizados, en contra de la capacidad de compra de la clase obrera y trabajadora, y no hay juicio ni castigo.

Es imposible que un miembro de la llamada capa media pueda comprar un vehículo nuevo. Los pocos carros que llegan son acaparados por las mafias y luego vendidos a millones de bolívares fuertes, en contradicción con el bajo precio que pagaron por ese bien en el mercado internacional. No pasa nada ante este descaro.

El Gobierno nacional debe fijar posición, más allá de la consigna y el discurso: si va a seguir permitiendo que acaben los filisteos con la calidad de vida de sus enemigos de clase, o apoya a la clase obrera y trabajadora en su reclamo de recuperar la prosperidad que la burguesía y su corrupción le ha robado tan malamente.
¡Ni un dólar más para la burguesía!

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