El futuro de los abogados

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10 de octubre, 2017 - 12:38 pm

Marcos Javier Barrera – Abogado-Profesor Universitario

Siempre me ha conmovido la inevitable pregunta de un estudiante de derecho: «Profesor, ¿ cuál es el futuro de los abogados en nuestro país ?»

Antes de responder me tomo un momento para reflexionar, pero finalmente doy la respuesta.

Sin duda que el mayor campo ocupacional del profesional del derecho lo encontramos en el ejercicio libre de la profesión, vale decir: el abogado litigante; aquel que defiende los derechos e intereses de sus clientes ante los tribunales en sus distintas competencias, tales como la materia civil y mercantil, laboral, agrario, penal, contencioso administrativo, entre otras. Su misión y objetivo es reivindicar los derechos de sus patrocinados.

Dicha tarea es verdaderamente loable tomando en cuenta la realidad actual de nuestro Poder Judicial venezolano: una administración de justicia totalmente subordinada al Poder Ejecutivo, dentro de la cual encontramos mayoritariamente «jueces atemorizados o agradecidos», tomando en cuenta que más del 90% de los administradores de justica en Venezuela son jueces provisorios, o lo que es igual, no han participado en ningún concurso de oposición para ostentar el cargo, contrariando principios constitucionales acerca de la idoneidad de la carrera judicial. Los jueces «atemorizados» son aquellos que bajo ningún supuesto se atreven a sentenciar en contra de los intereses políticos del Estado, y los «agradecidos», aquellos que reciben instrucciones directas y precisas de la jerarquía judicial o política, a quienes le deben su cargo. Uno u otro caso son altamente peligrosos para una sociedad que busca la consolidación del Estado Social de Derecho y de Justicia consagrado en nuestra Constitución.

Esta lamentable realidad ha traído como consecuencia una sorprendente disminución de los litigios en las materias civil, laboral y contencioso administrativo. Sin embargo, hay que tomar en cuenta otro factor: los conflictos patrimoniales entre particulares, hecho normal en todo país, surgen de la interacción y del dinamismo de la economía de la nación. Ese poco dinamismo económico trae como consecuencia forzosa, la inexistencia de conflictos, y este quizá sea una de las principales razones por las cuales los tribunales laborales y civiles los encontramos con un muy bajo número de

usuarios en búsqueda de justicia. Ni hablar de los tribunales contencioso administrativos, en donde forzosamente se demanda al Estado o a sus instituciones; aquí sobran las explicaciones.

Lo que si tengo que reconocer que ha crecido notablemente son las causas que se llevan ante los tribunales penales, todo lo cual es consecuencia del sorprendente auge delictivo que existe en nuestro país. Encontramos como resultado, una justicia penal totalmente saturada e ineficaz.

Siempre le expongo a los estudiantes o jóvenes abogados, acerca de la responsabilidad que tienen de convertirse en agentes de transformación social, de coadyuvar en la transformación de la nación, en aras de rescatar una de las instituciones fundamentales de la sociedad, como lo es el Poder Judicial. De esta rama del Poder Público depende la consolidación del Estado de Derecho, la determinación de los niveles de desarrollo económico y social de nuestro país, así como la creación de una ambiente de seguridad jurídica que promueva la inversión y la paz social.

Albert Einstein decía que el colmo de la estupidez era «seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos». Este principio también es aplicable a nivel social. Seguir insistiendo en el mismo modelo político y creer que esta realidad socio-económica va a cambiar, es el colmo de la estupidez en la cual podría incurrir la sociedad venezolana.

Recuerdo que la única vez que fui de vacaciones con mi padre a Cuba, siendo niño, escuché decir a un nativo: «falta poco». Desde entonces han transcurrido más de cuarenta años y no ha habido ningún cambio. Sin embargo ese pueblo jamás ha tenido la oportunidad de elegir; nosotros aún lo podemos hacer. De esa elección dependerá la reivindicación de esta hermosa y loable profesión del abogado, pues ésta sólo se puede materializar bajo la vigencia de un Estado de Derecho y con un Poder Judicial idóneo y sin ningún temor reverencial hacia el Poder Ejecutivo, y en donde los jueces sólo estén comprometidos con la constitución, con la ley, con su consciencia y con Dios.

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