Ficciones de la realidad virtual

qpplaceholder
4 de mayo, 2014 - 2:56 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Una de las características de este siglo es el peso que ha adquirido la realidad virtual en la vida cotidiana. Ficción creada para contrarrestar los efectos adversos de la mundialización del sistema capitalista y del control del gobierno de los Estados Unidos sobre todos los rincones del mundo.

Creada para justificar el dominio económico-político del 1% de la población sobre el 99 restante (según los ocupas de Wall Street) y potenciada por el avance de las TICs, esta pseudo realidad sustentada en versiones culturalmente actualizadas de la oposición bien y mal, es difundida sistemáticamente a través de los conglomerados de la educación, la publicidad, la comunicación, el entretenimiento y la religión.

Ello explica por qué grandes mayorías creen que lo privado es bueno y lo público malo. Que lo importante es el capital y no el trabajo. Que los amos del capital llegaron a serlo por sus méritos y que la plebe debe agradecerles que les den la oportunidad de trabajar para ellos.

Creen que el gobierno estadounidense, por muy malo que sea, es el únicos «bueno» capaz de salvar a la humanidad de una invasión extraterrestre o de una próxima catástrofe provocada por los «malos»: los chinos, los rusos, los árabes, los gobernantes, pueblos del tercer mundo y  los «terroristas» que ponen en peligro los intereses de los EE.UU. y Canadá.

Curiosamente la realidad virtual también ha servido para alentar a la religiosidad institucional como instrumento de sumisión. Así ha naturalizado a los santos de los ricos como el fundador del Opus Dei y el papa que colaboró con los EE.UU. para destruir a la URSS; ha condenado al islam y ha convertido a gran cantidad de evangélicos en sionistas.

En el plano nacional, el gran capital y sus aliados locales han venido echando mano a todo tipo de ficciones para vender a los rojos rojitos como los malos de la película y para convencer a la población de que los empresarios y los políticos de la cuarta y sus derivados, son los buenos. Para acusar al presidente Maduro, al Gobierno y a los colectivos chavistas de todo lo malo que ocurre y para santificar a terroristas y estudiantes utilizados como tontos útiles.

Menos mal que las autoridades y los chavistas de a pie no nos dejamos engañar (aunque a veces lo parezca). Sabemos que la batalla por obtener la mayor ración posible del pastel petrolero no cesa, ni va a cesar. Tenemos claro que los empresarios parásitos no van a abandonar la guerra económica ni la manguangua comercial para convertirse en industriales productivos, contribuir con el éxito del gobierno del presidente Maduro y favorecer la transición al socialismo.

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