Entreveo

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12 de junio, 2017 - 4:27 pm
Soc. Enrique Parra / Enparra01@gmail.com

Soc. Enrique Parra

Enparra01@gmail.com

A cualquier ciudadano que se asuma auténticamente demócrata, le resulta repugnante y condenable la acción política, que intenta imponer la derecha oposicionista desnacionalizada, en nuestro País. Una acción fascista determinada por el terrorismo cruento en procura de una indeseada guerra civil, con el objetivo político de hacerse con el poder aniquilando la Constitución de la República, con evidente contravención a los principios y procedimientos esenciales que ofrece la democracia, para alcanzarlo legal y legítimamente. No es la conducta política para interpelar o cuestionar en democracia, la gestión de un gobierno, por muy deficiente que lo evalué  quien se le opone.

Los mas de 60 venezolanos muertos absurda e innecesariamente en distintas movilizaciones protestarías, son irrefutablemente consecuencia – culpa – de la aventura terrorista que el cogollo dirigencial de la mud ha impulsado, financiado y dirigido por órdenes impartidas desde el tutelaje washingtoniano. Pero además, la destrucción repudiable de bienes y espacios públicos y privados, así como, el atropello a la ciudadanía al violar Derechos Constitucionales, obstruyendo vías públicas con violencia y tropelías hamponiles indiscriminadas, contra ciudadanos de bien. El atropello a la ciudadanía, el desencuentro, la intolerancia, la destrucción de lo público y lo privado, el odio, el revanchismo, el exterminio de la otredad, la muerte, el golpe de Estado y la guerra civil fratricida deben extinguirse como banderas políticas de un sector, de una porción o parcialidad – consciente e inconsciente – de los venezolanos.

Se trata entonces, que la fuerza democrática popular frente a la violencia fascistoide, promueva y avance con decisión y mayoritariamente en el reconocimiento del Otro como un individuo diferente, que alberga y defiende intereses humanos y culturales distintos. Conciliar los antagonismos, la diversidad, la diferencia social y política solo es posible en democracia, con la construcción entre todos del contrato social desde la ética y la cívica, el reencuentro, el reconocimiento, la tolerancia y el dialogo en la perspectiva de los auténticos intereses sociopolíticos de la nación.

Estoy convencido que en tal orientación avanza la propuesta constitucional del Presidente Maduro, referida a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, al rescatar como uno de los objetivo estratégico de la misma, la respuesta democrática a la actual coyuntura política, aceptando que el seno de la constituyente es por excelencia el espacio político-institucional – superior, supremo – de la democracia venezolana para albergar el debate, el dialogo libre y democrático necesario e indispensable entre todos los venezolanos con las cargas cosmogónica, humanas, antropológicas y sociológicas concretas; donde podamos con sapiencia elaborar el pacto social, que se erija como la base política, ética, moral y legal reconocido y aceptado por toda nuestra sociedad.

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