El pequeño gigante

qpplaceholder
17 de mayo, 2015 - 3:55 pm
Redacción Diario Qué Pasa

El legado que dejara en China un hombrecito que medía 1,52 metros de estatura, pero con una gigantesca visión, es inmenso como un océano, profundo como fosa abisal y alto como el monte Everest. Nos referimos al exprimer ministro chino, Deng Xiaoping, el pequeño gigante, cuando éste ocupó el cargo de líder supremo de China.

¿Qué le debe China a Deng Xiaoping? Nada más y nada menos que ser catapultada desde niveles de extrema pobreza milenaria, a ocupar el puesto de segunda potencia económica del mundo.

¿Y cómo lo logró? La respuesta debería ser la lección más cabal, el espejo más límpido, que los simpatizantes del oficialismo en Venezuela, la izquierda latinoamericana y los intelectuales de la izquierda virulenta y fanática, pudieran verse y aprender para salir de la pobreza, la miseria y los complejos de inferioridad.

Desde el año 1960, cuando el pequeño gigante aún estaba subordinado a Mao Zedong, asomaba algunas tímidas ideas de apertura mediante necesarias reformas económicas de tipo capitalista. Sus iniciativas le causaron, como era obvio, problemas, recelos y sentimientos encontrados por parte del entorno de Mao Deng se preguntaba por qué sus vecinos, los llamados 4 dragones asiáticos, Taiwán, Hong Kong, Corea del Sur e Indonesia, eran naciones prósperas y China seguía sumida en la pobreza y el atraso. Estuvo de hecho visitando a tres de ellas para conocer muy de cerca cómo esa gente manejaba su economía de libre mercado. Y lo que aprendió le fue fácil y sencillo de explicárselo a sus camaradas. Les dijo: «Da igual que el gato sea blanco o negro; lo importante es que caze ratones».

Deng, al tomar el poder en 1975, hizo realidad su proclama, iniciando el tan inesperado cambio interno dentro de China: De ser un país comunista empobrecido y con un pueblo hambreado, se pasó al capitalismo, mediante una serie de reformas que llamó Las Cuatro Modernizaciones, vale decir, reformas de la economía, la agricultura, el desarrollo científico y la defensa nacional. Este ambicioso plan de apertura y liberalización de la economía, fue el motor que impulsó al cohete del desarrollo del progreso y el bienestar del pueblo chino, aplicándose en esa nación su tesis política de «un país, dos sistemas».

Hoy en día, China como imperio, no es un país democrático, sino comunista en lo político y capitalista o de libre mercado en lo económico, ocupando el puesto número 2 del ranking mundial entre los países más ricos, todo eso en apenas 30 años de gobierno de Deng. De seguir hoy en día a ese ritmo de crecimiento, es probable que dentro de 10 años, llegue a desplazar a la misma Norteamérica del primer puesto.

El caso de China que ha sido seguido por Vietnam, Camboya, Malasia, entre otros, es el ejemplo más claro de que el comunismo es un fracaso total, una gran mentira, un engaño sistemático al pueblo, prometiéndosele un futuro que es irreal, inexistente y que nunca llegará. Deng Xiaoping demostró que ser rico no era malo, sino más bien glorioso. ¿Qué les parece todo esto a los revolucionarios de izquierda latinoamericanos?.

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