El golpe de Estado está en la calle

qpplaceholder
1 de junio, 2014 - 1:54 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Un plan de magnicidio ha sido revelado, como parte de la ejecución  del mismo golpe de Estado que el pueblo venezolano, «fiel a su vocación republicana» revertió el 13 de abril del 2002. (CRBV, 2009).

En esta nueva conjura aparecen los mismos actores de siempre, son las viudas del golpe de Estado que fue vencido por el pueblo trabajador venezolano, y que ellos, sus dolientes más conspicuos,  no han logrado revivir.

Pero el golpe de Estado, no está solamente en los activadores dirigidos desde el Departamento de Estado, y en sus aviesas intenciones; el golpe de Estado está en la calle a través de la ejecución de una teoría de la descomposición de la idiosincrasia venezolana.

Una de las acciones más sutiles y agresivas promovidas por el imperialismo en contra de nuestra patria, es el fomento inducido de la corrupción que ha permeado, no solamente a funcionarios estatales que no rompieron el cordón umbilical con el clientelismo adeco-copeyano de  la democracia representativa, a  individualidades militares y policiales,  sino que ha arrastrado también en esa vorágine a gran parte de nuestro pueblo.

Como hay suficiente dinero circulante en la calle, y la demanda en escalada supera con creces la oferta, la inflación va en aumento; están desatados los perversos mecanismos de la especulación que juegan con los niveles de escasez provocada por la manipulación de la importación que realiza únicamente la burguesía parasitaria aliada incondicional del Departamento de Estado de los EE UU, el acaparamiento, «bachaqueo» y contrabando; el imperialismo, como los malvados de Satán en los suburbios de Bertrand Russell, deambula y siembra cizaña en la calle, acusando al Gobierno, encabezado por Nicolás Maduro, de las colas, de los aumentos compulsivos y hasta caprichosos, de alimentos, repuestos de maquinarias, electrodomésticos, etcétera.

El imperialismo ha jugado al caos, borrando hitos de permanencia de los recuerdos de una memoria cercana, y siembra motivaciones obsesivas que inducen a la configuración inconsciente de una costumbre desbordada que genera múltiples conductas como la violencia, el consumo irracional e incontrolable y la desvinculación del arraigo patriótico.

Las colas han sido aceptadas por esta configuración teórica inducida por el imperialismo. Notamos que a veces en el supermercado, en el banco o en cualquier tienda, donde no hay cola, los que llegan preguntan: «Quién es el último, o última», «pero mijito si aquí no hay cola le contesta una voz anónima». Los funcionarios y dependientes encargados de atender al público se han vuelto unos expertos en la fabricación de colas, veamos algunas excusas utilizadas con más frecuencia: «No hay sistema, estamos trabajando por cita, hoy es martes, y repartimos los números el día lunes, de las 50 cajas solo hemos podido habilitar 3, están lampaceando y hay que esperar, el encargado no está, estamos esperando que llegue, solo recibimos efectivo, venta condicionada, el supermercado en función de la cola», estos son algunos de los trucos para formar cola, pero el principal es la operación tortuga que practican los cajeros o dependientas para realizar la transacción de la venta.

Otro aspecto importante a resaltar de las colas donde se incuba la conspiración imperialista, es que siempre vemos las mismas caras, lo que evidencia el acaparamiento y el «bachaqueo» sistemático para desaparecer los alimentos y los productos básicos para distintas necesidades.

El golpe de  Estado está en la calle, donde puede ser vencido por el pueblo trabajador enclasado y patriótico.

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