¿Dos Estados?

qpplaceholder
20 de junio, 2016 - 3:28 pm
Eduardo Mármol

El viejo Estado burgués, superestructura capitalista, por tanto histórica, sigue perteneciendo a unas pocas familias, que con sus asociaciones con el capital trasnacional, controlan a su antojo la economía y el poder político en Venezuela, más allá de los gobiernos de las distintas administraciones que ha tenido el País, en su conservadurismo, o parcialidades de progreso e insurgencia.

Ese Estado burgués como superestructura de dominación de clase, tiene innumerables mecanismos para mantenerse, procurando siempre la utopía de perpetuarse; para lograrlo, esparce la ilusión de que “nosotros no somos nadie para cambiar el mundo” que “nuestra suerte está definitivamente confiada a las fuerzas sobrenaturales que gobiernan nuestro destino”; estás voces de la resignación son como consignas permanentes que se encaraman sobre los dolores, el sufrimiento y la resignación del Pueblo que las profiere, sin reconocerse jamás, como víctima.

El idealismo, con su providencial manera de conocer, sigue enarbolando la antorcha de una ciencia social falsa, que con el positivismo, en sus múltiples y novísimos empaques, sigue enseñando la ilusión de que nosotros no podemos conocer el mundo, y que todo conocimiento debe estar basado en la experiencia de la experiencia misma. Ese mundo que hemos renunciado a conocer, es una pequeña parte de la materia, siempre en movimiento, y su expresión de mayor desarrollo es la sociedad humana, que desde el esclavismo se dividió en clases, producto de una crisis provocada en el seno de la comunidad primitiva.

Se habla de golpes de Estado a los gobiernos, que como el nuestro, en medio de las contradicciones,  y de una corrupción insoportable, intenta defender las conquistas y reivindicaciones sociales logradas por la revolución bolivariana promovida y encabezada por Hugo Chávez; pero no se habla de golpes de clase a los Estados, que como el burgués en Venezuela, oprime a la gran mayoría de nuestra sociedad por medio de la explotación del trabajo asalariado, y de los perversos mecanismos de precarización del nivel de vida alcanzado por nuestro Pueblo en los primeros 12 años de esta centuria; el imperialismo, la MUD, y el narcoparamilitarismo del Estado burgués colombiano,  continúan la ofensiva sobre nuestra economía, la solidez de nuestro signo monetario; el envilecimiento de un grueso contingente de compatriotas bachaqueros, entrenados como lumpen.

Chávez encontró una manera de enfrentar al viejo Estado burgués. Ese procedimiento está expresado en el artículo 2 de nuestra carta magna: “Venezuela se constituye en un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia”, y también propuso la forma de cómo hacerlo: “La soberanía reside intransferiblemente en el Pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta constitución, y en la Ley, e indirectamente a través del sufragio, en los órganos del poder público. Todos los órganos del Estado emanan de la Soberanía Popular, y a ella están sometidos”, (art. 5 CRBV).

En Venezuela, el viejo Estado burgués, que ahora desconoce la autoridad del presidente constitucional, jefe de la junta administradora de sus asuntos, compatriota Maduro, mientras dirige un ataque económico en contra del Pueblo trabajador, metiéndolo en la miseria, pulverizando los niveles de felicidad que había logrado la Revolución Bolivariana; se obstina ese Estado en demostrar que la culpa es de Maduro, y no de él, que ha cometido este genocidio.

La burguesía y su Estado privado, frente a la Soberanía Popular, y su Estado Comunal ¿Será que lo hacemos posible?

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