CORRUPCIÓN, MÍNIMA Y AMPULOSA

qpplaceholder
20 de mayo, 2014 - 2:36 pm
Redacción Diario Qué Pasa

La corrupción es la podredumbre de los principios de honestidad y decencia burguesa,abandonados en el basurero del capitalismo, que triunfó sobre el feudalismo a finales del siglo XVIII.

La corrupción capitalista esta oculta en los altos cenáculos del poder, una corrupción legalizada por las mismas leyes burguesas. Cuando la corrupción se hace diaria, se consolida como costumbre; se pasea señorialmente como normal, entonces el principio de la legalidad se quiebra, se diluye y no hay manera de recomponerlo sino con la extirpación de la enfermedad que mata los gobiernos más encumbrados, donde ha encubado, y acaba con los Estados más poderosos que la utilizaron como política encubierta.

La corrupción atenta contra el legítimo ejercicio del poder. En la Venezuela saudita de la corrupción y el populismo, “los adecos robaban y dejaban robar”, y “ser corrupto daba caché”. El juicio que el imperialismo ordena seguirle a Carlos Andrés Pérez,  a través de la Corte Suprema de Justicia con ponencia de Ramón Escovar Salom, Fiscal General de la República, es un intento de recuperación de la credibilidadperdida; ya CAP no importaba, sería sacrificado; el imperialismo lanza con este juicio, un plan para salvar lo que él llama el sistema democrático que en la esencia de su concepción idealista, no es otra cosa que la   legalidad de la permanencia de su Estado burgués, y de sus gobiernos títeres.

El 27 de febrero de 1989 y el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, y su costo en las vidas de los mártires de la patria venezolana, y en bienes materiales, demuestran que el peligro deslegitimador de la corrupción, no había podido ser conjurado por las estrategias encubiertas del imperialismo. El amplio voto de las masas tributado al candidato Hugo Chávez en las elecciones de 1998, fue un voto en contra de la corrupción capitalista que había perdido su poder de encantamiento, de disimulo para ocultar su explotación y la repugnancia de su corrupción para robarse las sobras que dejaba la plusvalía en los bolsillos de la clase obrera, trabajadora, campesina e indígena.

El ascenso al poder de gobierno del proyecto bolivariano estaba secundado por un pueblo hastiado de la corrupción capitalista, vivita en las estrategias del Estado burgués todavía ileso y siempre al asecho. La propuesta de Chávez de una Asamblea constituyente triunfa;  el líder del bolivarianismo desde  el gobierno se enfrenta al Estado burgués que administra; nacen de ese principio las misiones, embriones para el desmontaje de la superestructura filistea.

El imperialismo, que intentó extirpar la corrupción porque deslegitimaba su modelo democrático representativo, utiliza ahora  su corrupción como arma para  deslegitimar al gobierno bolivariano; de la corrupción mínima, pasa a la ampulosa, y con ella intenta arropar a la sociedad. Parte del pueblo ha caído en la trampa imperialista de la reventa de los productos que cada día escasean más; tenemos los carros más caros del mundo, siendo que los carros hoy, en el mercado internacional están más baratos que nunca; etcétera, etcétera… El gobierno bolivariano, está obligado a extirpar de raíz la corrupción externa, y la endógena en su administración,  para salvar el proceso.

Los intentos del imperialismo para acabar con el gobierno bolivariano han fracasado, pero su libreto de la corrupción es demoledor. Los corruptos tienen que ir presos, sean quienes sean; de otra manera no se podrá recuperar la credibilidad.

¡Ni un dólar más para la burguesía!

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